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ESTE 20 DE JULIO CELEBREMOS EL GRITO DE INDEPENDENCIA

 

 

EL 20 DE JULIO DE 1810 FUE EL INICIO DE LOS SUCESOS QUE CAMBIARON LA HISTORIA DE COLOMBIA.

La historia nos dice que todo comenzó con un florero. Era viernes – 20 de julio y día de mercado – cuando un criollo fue a pedir prestado un florero. Un acto, en apariencia efímero, desató en un enfrentamiento entre criollos y españoles y culminó en la independencia de Colombia.

Sin embargo, hoy en día es claro que lo que sucedió este día no fue un hecho espontáneo como aquellos que habían caracterizado la vida política colonial. Fue la consecuencia de varias circunstancias que sucedieron en cascada y desembocaron en una gran rebelión del pueblo.

Los criollos tenían razones de fondo, que el 20 de julio se convirtieron en la gota que rebosó la copa. En las juntas realizadas entre 1808 y 1810, a pesar de que los criollos fueron invitados, la representación era mínima: entre 36 peninsulares, había 9 americanos. Esto hizo que los criollos por primera vez pensaran en la posibilidad de acatar un Estado- Nación.

Otro suceso fue el arresto, el 10 de agosto de 1809, del presidente de la audiencia de Quito, el Conde Ruiz de Castilla y sus ministros fueron sustituidos por la junta suprema de gobierno integrada por la elite criolla quiteña. Otra de las causas fueron los motines de Cartagena, del 22 de mayo de 1810 y los del Socorro en el 9 de julio del mismo año.

Casa del Florero (Museo)En consecuencia se creó la junta de notables integrada por autoridades civiles e intelectuales criollos. Los principales personeros de la oligarquía criolla que conformaban la junta eran: José Miguel Pey, Camilo Torres, Acevedo Gómez, Joaquín Camacho, Jorge Tadeo Lozano, Antonio Morales, entre otros.

Comenzaron a realizar reuniones sucesivas en las casas de los integrantes y luego en el observatorio astronómico, cuyo director era Francisco José de Caldas. En estas reuniones empezaron a pensar en la táctica política que consistía en provocar una limitada y transitoria perturbación del orden público y así aprovechar para tomar el poder español.

La junta de notables propuso promover un incidente con los españoles, a fin de crear una situación conflictiva que diera salida al descontento potencial que existía en Santa fe contra la audiencia española. Lo importante era conseguir que el Virrey, presionado por la perturbación del orden, constituyera ese mismo día la Junta Suprema de Gobierno, presidida por el señor Amar e integrada por los Regidores del Cabildo de Santa fe.

Don Antonio Morales manifestó que el incidente podía provocarse con el comerciante peninsular don José González Llorente y se ofreció “gustoso” a intervenir en el altercado. Los notables criollos aceptaron la propuesta y decidieron ejecutar el proyecto el viernes, 20 de julio, fecha en que la Plaza Mayor estaría colmada de gente de todas las clases sociales, por ser el día habitual de mercado.

Para evitar la sospecha de provocación se convino que Don Luis Rubio fuera el día indicado a la tienda de Llorente a pedirle prestado un florero o cualquier clase de adorno que les sirviera para decorar la mesa del anunciado banquete a Villavicencio. En el caso de una negativa, los hermanos Morales procederían a agredir al español.

A fin de garantizar el éxito del plan, si Llorente entregaba el florero o se negaba de manera cortés, se acordó que don Francisco José de Caldas pasara a la misma hora por frente del almacén de Llorente y le saludara, lo cuál daría oportunidad a Morales para reprenderlo por dirigir la palabra a un “chapetón” enemigo de los americanos y dar así comienzo al incidente.

Llegó el día indicado – 20 de julio 1810

Plaza de Bolivar 20 de julio 1810, eran las 11 de la mañana y la plaza mayor estaba colmada por una heterogénea concurrencia, compuesta de tratantes y vivanderos, indios de los resguardos de la sabana y gente de todas las clases sociales de la capital.

Poco antes de las doce del día, como estaba previsto, se presentó don Luis de Rubio en el almacén de Llorente y después de hablarle del anunciado banquete a Villavicencio, le pidió prestado el florero para adornar la mesa. Llorente se negó a facilitar el florero, pero su negativa no fue dada en términos despectivos o groseros. Se limitó a explicar diciendo que había prestado la pieza varias veces y ésta se estaba maltratando y por lo tanto, perdiendo su valor.

Entonces intervino Caldas, quien pasó por frente del almacén y saludó a Llorente, lo que permitió a don Antonio Morales, como estaba acordado, tomar la iniciativa y formular duras críticas hacia Llorente. Morales y sus compañeros comenzaron entonces a gritar que el comerciante español había dicho a Rubio malas palabras contra Villavicencio y los americanos, afirmación que Llorente negó categóricamente.

Mientras tanto los principales conjurados se dispersaron por la plaza gritando: ¡Están insultando a los americanos! ¡Queremos Junta! ¡Viva el Cabildo! ¡Abajo el mal gobierno! ¡Mueran los bonapartistas!. La ira se tomó el sentir del pueblo.

Indios, blancos, patricios, plebeyos, ricos y pobres empezaron a romper a pedradas las vidrieras y a forzar las puertas. El virrey don Antonio Amar y Borbón desde su palacio, observaba con alarma la situación que se escapaba de sus manos; la guardia que era por cierto muy escasa, estaba al mando de Baraya, quien rápidamente puso las tropas al servicio de la revolución, a tal punto que los cañones se enfilaron hacia el palacio del virrey.

Junta de gobierno 20 de julio de 1810El virrey muy asustado, aceptó reunir un cabildo extraordinario presidido por él, los oidores y los miembros del Cabildo de Santa Fe; al final de la tarde se impuso dicha reunión, se procedió a la elección de los vocales, de los voceros, que se fue haciendo por admiración; desde el balcón de la casa se iban proponiendo nombres de todos los próceres, y el pueblo los iba aclamando: Camilo Torres, Luis Caicedo y Flórez, Joaquín Gutiérrez, José Miguel Pey, Frutus Joaquín Gutiérrez, Sinforoso Mutis, Miguel Pombo, Luis Fernando Azuola Pedro Groot, Andrés Rosillo, Antonio y Francisco Morales, Antonio Baraya. Hacía las seis de la tarde, José Acevedo y Gómez lanza una arenga que le mereció el título de Tribuno del pueblo, invitando a la gente a que se mantuviera en pie, defendiendo lo que se estaba buscando.

La arenga, termina con unas palabras conocidas:

“Si perdéis estos momentos de efervescencia y calor, si dejáis escapar esta ocasión única y feliz, antes de 12 horas, seréis tratados como los insurgentes, ved los calabozos, los grillos y las cadenas que os esperan.”

Reunido el Cabildo, se procedió a elegir una Junta Suprema de Gobierno; la cual se encargaría del gobierno y se desconocía la autoridad del virrey.

Al día siguiente, el virrey fue puesto preso junto con la virreina, el pueblo se llevó al virrey a la gendarmería y a la virreina la llevaron en medio de insultos a la cárcel del divorcio, que era la cárcel de mujeres; eso no fue bien visto por los miembros de la Junta Suprema de Gobierno, consideraron que era una medida drástica, y por orden de Camilo Torres y de otros miembros de la Junta, fueron liberados y vueltos a palacio, pero ya estaban destituidos. El 15 de agosto son deportados primero a Cartagena y más tarde a España. Acabando así con el virreinato.

Una vez instalada la Junta Suprema, durante las horas finales de la tarde, la noche del 20 de julio y el amanecer del 21 de julio, se redactó el acta que se conoce con el nombre de Acta de Independencia.

EN DICHA ACTA, SE HACE MENCIÓN ENTRE OTRAS COSAS:

Se depositaba en la Junta Suprema el gobierno del reino, interinamente; mientras la misma Junta formaría la Constitución, que lograría afianzar la felicidad pública, contando con las nobles provincias a las que se les pedirán sus diputados, este cuerpo formará el reglamento para elegirlas; y tanto este reglamento, como la Constitución de Gobierno, deberá formarse sobre las bases de la libertad, e independencia, ligadas únicamente por un sistema federativo, cuya representación deberá residir en esta capital para que vele por la seguridad de la Nueva Granada.

Se le empieza a quitar la autoridad al virrey, y se le da a la Junta Suprema, que esta compuesta por criollos, mientras se establece una constitución. Se habla por primera vez de una constitución.

Se alcanza la felicidad pública.

Se involucra a todo el pueblo, con diputados representándolos.

Se considera por primera vez las elecciones.

Se dan las bases de la libertad y de federalismo.

En el acta se dice: “Que protesta no abdicar los derechos imprescriptibles de la soberanía del pueblo en otra persona que la de su augusto y desgraciado monarca don Fernando VII.” Pedían que el rey viniera a gobernar entre ellos, algo que de antemano se sabía no podía ser, puesto que estaba preso, y porque ni siquiera reinaba en España. Quedaba entonces, el gobierno sujeto a la Suprema Junta de Regencia existente en la península y sobre la Constitución que de al pueblo .

El nexo con la Junta de Regencia fue discutido, ahí se podía decir que no había un ánimo de independencia; se dieron cuenta que de un momento a otro, no podían romper los vínculos del pueblo con el monarca, considerado una víctima ante los ojos de la gente, por lo que había hecho el déspota Napoleón. El pobre Fernando VII vivía como un holgazán en su castillo, su padre y su madre en otro; Carlos IV padre designaba a su hijo Fernando VII, quien a su vez designaba a Napoleón, éste a un virrey, y por ello no se daba el gobierno; esta situación no era entendida por el pueblo.

El reconocimiento de la Junta de Regencia origina en el seno mismo de la Junta Suprema una división, denominada regentista y anteregentista; una corriente liberal que era partidaria de desconocer la Regencia, y el otro sector conservador de la Junta, que era partidario de mantener el título de la Regencia.

El acta del 20 de julio es realmente un Acta de Independencia, se reconoce a Fernando VII pero de manera teórica, porque en la práctica se da un gobierno, la voluntad de convocar un congreso, de hacer una constitución, de sentar una patria, y de una vez adoptar una forma federal.

Los acontecimientos continuaron en una forma precipitada, se sigue la propia dinámica de una revolución; don José María Carbonell y otros próceres muy exaltados, se mantenían durante esos días recorriendo las calles agitando las masas, para mantener viva esa llama. El 29 de julio la Junta Suprema convoca “El Congreso General del Reino”, que tendría la misión de darle al territorio emancipado su primera Constitución.

El Congreso General del Reino se reunió el 22 de diciembre, prestó el juramento de “sostener los derechos del rey Fernando VII contra el usurpador de su corona Napoleón Bonaparte y su hermano José; defender la independencia y soberanía de este reino contra toda opresión exterior” . No se daba una ruptura total con el soberano español.

POR: ASOMECOS AFRO

AFROS: EL ORIGEN DE UN PUEBLO

 

AFROS: EL ORIGEN DE UN PUEBLO

UN RECORRIDO POR EL NACIMIENTO DE LAS COMUNIDADES AFRODESCENDIENTES DEL PAÍS DESDE LA ESCLAVITUD HASTA HOY: LAS DEUDAS HISTÓRICAS DEL ESTADO, SUS AMENAZAS, SUS OPORTUNIDADES EN UNA COLOMBIA EN PAZ.

 

La población afrocolombiana, palenquera y raizal es descendiente de prisioneros y secuestrados de una guerra que Europa le declaró a África desde el siglo XVI. Tras el genocidio indígena la dinámica de la modernidad y la colonialidad estaba urgida de mano de obra para explotar las inmensas riquezas americanas, principalmente agrícolas y mineras. Sin esa mano de obra, altamente especializada, el desarrollo de la economía colonial-capitalista no hubiera sido posible.

Los prisioneros africanos fueron sacados de sus territorios de diferentes regiones del litoral Atlántico desde Senegambia (lo que es hoy Senegal y Gambia). En esa área encontramos una selva húmeda tropical y un bosque tropical, todos con una fachada marítima atravesada por ríos importantes como el Zambeze, el Congo, el Senegal, el Gambia y el Casamansa. En esa extensa faja habitaban grupos étnicos como malinkes, fulas, biafaras, lucumies, ibos y la gran familia bantú.

Algunos de ellos constructores y edificadores, expertos en saberes y técnicas mineras y metalúrgicas, ganaderas y agrícolas, artísticas y artesanales. Ellos construyeron avanzadas civilizaciones como la Akan, grandes reinos como el de Ghana y el Congo, poderosos imperios como el de Malí.

Hoy los descendientes de los antiguos esclavizados habitamos, en su gran mayoría, las regiones Atlántica y Pacífica, donde inicialmente se nos llevó a realizar labores agrícolas, ganaderas y mineras. Así mismo en los valles interandinos y ciudades como Bogotá, Cali y Medellín, donde desde un comienzo fuimos imprescindibles en muchas labores; estas ciudades concentran en la actualidad un alto porcentaje de nuestra población.

Junto a esta localización geográfica y espacial se creó la idea de que las comunidades afrodescendientes habitan las regiones más deprimidas del país y los barrios más pobres de las ciudades. Así se generó una relación entre necesidades básicas insatisfechas –salud, educación, servicios públicos, vivienda–, pobreza y miseria, como condición de la gente negra y su habitabilidad.

El primero de enero de 1852, cuando entró en vigencia la ley que abolió la esclavitud en Colombia, los nuevos libertos siguieron pensando como esclavizados y los antiguos amos no dejaron de pensar como tales. Nunca hubo un proceso de reeducación de los imaginarios, de intentar desmontar el chip de la esclavización de las mentes de las víctimas y los victimarios. Cuando los descendientes de los antiguos esclavizados tuvieron acceso a la educación, esta se impartía potenciando los valores de la monoculturalidad europea, moderna, blanca y colonial, a través de una raza (la blanca, europea, criolla), una religión (la católica) y una lengua (el castellano).

Este proyecto de un país monocultural se consolidó y reforzó con la Constitución Política de 1886, y su correlato del Concordato entre la Iglesia Católica y el Estado firmado en 1887. Por tanto la población colombiana en general, y la afrocolombiana en particular, necesita una nueva manera de educarse para no invisibilizar o eliminar al otro porque es diferente. Solo una educación intercultural, democrática y tolerante es la garantía de que la sociedad del posconflicto nos permitirá la convivencia, el diálogo en igualdad de condiciones entre diferentes, la equidad y las oportunidades.

Una de las principales preocupaciones de las comunidades negras, afrocolombianas, palenqueras y raizales es la extensión del conflicto armado hasta nuestros territorios. Etnocidios como los de Machuca, La Chinita y Bojayá amenazaron nuestra cosmovisión y provocaron la pérdida del territorio y el desplazamiento. De otro lado está el recrudecimiento del racismo, la intolerancia y la xenofobia en ciudades como Bogotá, Cartagena, Medellín, Cali y Villavicencio, donde siguen en aumento las denuncias por discriminación que han llegado a la agresión física e incluso al asesinato, únicamente por ser afrodescendientes. Nuestra población se siente amenazada e insegura.

El desmonte de los imaginarios es otra de nuestras luchas. Hay lugares comunes en los que nos destacamos, como el deporte y el arte. Aunque esos espacios son importantes porque han logrado visibilizar y resaltar aspectos de nuestra cultura, e inclusive se han convertido en un camino para que mucha de nuestra gente salga de la pobreza, son también un refuerzo del imaginario creado y aceptado pasivamente de que solo somos buenos para eso.

Los afrocolombianos nos hemos destacado en muchos campos en la construcción de patria, desde el momento del desembarco en un territorio que solo a partir de 1821 (con la Ley de Libertad de Vientres) empezó a acogernos como sus hijos. Desde entonces la Nueva Granada dejó de ser nuestra madrastra para convertirse en nuestra patria, lo que se consolidó en la Constitución de 1991, cuando el Estado reconoció la raíz africana del pueblo colombiano. Pero esta madre patria aún tiene deudas con sus hijos.

En Cartagena de Indias cientos de ellos la amurallaron para protegerla de los corsarios ingleses y franceses; miles de ellos ayudaron a hacerla libre del yugo español y algunos se destacaron como ejemplares militares, entre ellos el general –apodado almirante– José Prudencio Padilla, quien nos dio la libertad en los mares y en los ríos, derrotando a la armada española en la batalla del lago de Maracaibo; y el caso muy significativo del afrodescendiente coronel Juan José Rondón. Hemos tenido un expresidente del cual nada se dice porque ha sido borrado e inclusive blanqueado en la lista de nuestros mandatarios: Juan José Nieto Gil (1805-1866), quien en 1861 fue presidente de los Estados Unidos de Colombia. Si en el relato de la construcción del Estado, a través de la narrativa histórica, de los museos, del sistema educativo, se hubiera formado a las generaciones enseñándoles el aporte de los afrocolombianos, hoy la pregunta sobre en qué nos hemos destacado no tendría razón de ser.

Sin embargo, hay un aporte que es ignorado: la cultura de la paz. Somos pueblos de familia, en los que es tradición solucionar las diferencias a través del dialogo y sin recurrir a la violencia; este fenómeno es de aparición reciente entre nuestras comunidades, ha llegado por extensión del conflicto que tenía como escenario otras regiones del país.

Las comunidades negras, afrocolombianas, palenqueras y raizales somos parte esencial de la construcción del perfil definitivo del ‘Nuevo País’.

*Viceministra de Cultura. Trabajadora social. Nació en Quibdó. En 1992 se convirtió en la primera mujer afrodescendiente en llegar al Congreso y en 2011 fue nombrada alcaldesa de Quibdó. Su mayor identidad es el trabajo con las comunidades.

POR: ASOMECOS AFRO

EL QUERER QUERIENDO DEL RACISMO LINGÜÍSTICO

EL QUERER QUERIENDO DEL RACISMO LINGÜÍSTICO

El racismo lingüístico es una parte indiscutible de nuestro legado racial. Perduran en nuestro lenguaje palabras, frases y expresiones cuyo significado dan sustancia y vigor a nuestro esquema racial. Lo negro se internacionaliza como lo perverso, signo de oprobio y mendicidad, oscuridad temible y estigma que deshonra. En cambio lo blanco es sublime e inmaculado, angelical y elevado. Si se de-negra se agravia, se insulta, se calumnia, se ofende, se difama, se desprestigia, se mancha, se humilla. En cambio blanquizados/as nos elevamos, nos engrandecemos racialmente así como engrandecido es “el negro que tenía alma blanca” o la mentirilla blanca que deja de ser mentira insidiosa para ser puramente inocente. Perpetuar la supremacía blanca con nuestro lenguaje sin consciencia es enterrar nuestra humanidad pues quien en su sano juicio puede decirle a una chiquilla de ébano que la maldad es negra (aunque lo diga el maestro Rafael Hernández en su celebrada “Preciosa”) y que a propósito, se parece a ella. Reciclar el lenguaje racista no es extraño si no se ha tenido un enfrentamiento con la socialización racial. La falta de intención que aducimos algunos/as, al ser cuestionados/as, no reduce el dolor que causa la repetición “inocente” del lenguaje racista. Ofendemos inconscientemente, pero ofendemos igual. Reciclamos racismo inocentemente, pero lo reciclamos igual. Somos, sin querer queriendo, participes del mundo racializado y de los patrones que transgreden nuestra humanidad.

Las palabras no se las lleva el viento. Muchas quedan e informan nuestra identidad. Algunas latigan sobre muchos latigazos del pasado y tienden, dentro del esquema racial, a querer recordarnos el lugar de inferioridad que dispusieron para nuestros ancestros/as negros/as, y que ahora se pretende sea legado de las personas visiblemente negras. Aquí algunos activos del racismo lingüístico que necesitamos cuestionar: negra maldad, alma negra (versus alma blanca), la tengo negra (la suerte negra), magia negra (versus blanca), “echar mano blanca” (la de la buena suerte), lista negra, la oveja negra de la familia, las aguas negras (por aguas sucias), mercado negro (por ilegal), intención negra (por mala intención), poesía negroide (por poesía negrista), denigrar (por calumniar, desacreditar, injuriar, infamar, ultrajar, desprestigiar, vilipendiar), negro destino (por un mal destino), negrito (diminutivo para referirse a hombres hechos y derechos), el negro o la negra (como sustantivo, versus el hombre negro o la mujer negra), trigueño (como eufemismo pues algunos/as piensan que es un insulto usar la palabra negra como descriptivo racial). Existen en nuestra cotidianidad cantidades de palabras funcionales al esquema racista y salen de nuestros labios más frecuentemente de lo que imaginamos. Concebir nuestra socializacion racial dentro del esquema racial no nos quita integridad. Al contrario, nos hace extraordinarias y saludables al distinguirnos de las personas que se presumen perfectas y no admiten, por consiguiente, margen de cambio. Urge un poquito de humildad para sacarnos del estancamiento que nos hunde irremediablemente a todos/as.

Como Humty Dumpty en Alicia en el país de las maravillas:  Cuando yo uso una palabra –insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso– quiere decir lo que yo quiero que diga…, ni más ni menos. –La cuestión –insistió Alicia– es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.–La cuestión –zanjó Humpty Dumpty– es saber quién es el que manda…, eso es todo.  Y recordemos que Humpty Dumpty era un huevo antropomórfico blanco (de Inglaterra ni más ni menos), queriendo una defensa que nunca llegó.  Se esplayó como la tortilla que siempre fue.

POR: MARÍA I. REINAT PUMAREJO

LA CARA DE LA LUCHA AFRO EN CAUCA

 

LA CARA DE LA LUCHA AFRO EN CAUCA

LA LÍDER DE 34 AÑOS FRANCIA MÁRQUEZ, PREMIO NACIONAL DE DERECHOS HUMANOS EN 2015, FUE AMENAZADA Y DESPLAZADA POR LUCHAR CONTRA LA MINERÍA ILEGAL QUE DEVORA SU TERRITORIO.

 

La última amenaza que recibió la líder afro Francia Márquez, el 28 de abril pasado, sentenciaba: “Llegó la hora de ajustar cuentas con los que se hacen llamar defensores del territorio”. El mensaje de texto llegó justo después de que ella y otros líderes del norte del Cauca llegaron a un acuerdo con el gobierno para desbloquear la vía Panamericana, que unas 1.200 personas se habían tomado 36 horas antes, a cambio de que las autoridades asumieran compromisos definitivos para erradicar la minería ilegal de su tierra.

“Sabemos cómo se mueven y la orden es darles de baja para que no se opongan al desarrollo”, continuaba el mensaje escrito con pésima ortografía y firmado por las bacrim. Era la quinta amenaza que Márquez recibía desde 2014, cuando empezó a convertirse en una de las líderes más visibles de esa región del país tan apetecida por las multinacionales y los grupos ilegales, porque esconde en sus montañas, literalmente, una mina de oro.

La primera vez que quisieron intimidarla un hombre con acento paisa la llamó a su celular y le dijo: “Si sigue jodiendo, vamos a ir por usted y sus hijos”. En octubre de 2014 Francia dejó su casa en la vereda Yolombó (corregimiento de La Toma, Suárez) para refugiarse en la ciudad, y recibió un esquema de seguridad con dos guardaespaldas y una camioneta blindada. Dos meses más tarde estaba liderando una manifestación de unas 80 mujeres negras que caminaron desde Cauca hasta Bogotá, para insistirle al gobierno en lo mismo: acciones contra la minería ilegal y los proyectos extractivos que se autorizaron inconstitucionalmente en su región.

“Fui desplazada de mi territorio y hoy tengo que volver como un perro, escondida, mientras otros que nada tienen que ver con él andan haciendo de las suyas”, expresó Márquez, exaltada, frente a los representantes del gobierno que accedieron a reunirse con las mujeres luego de que se tomaron el Ministerio del Interior. Ese mismo diciembre viajó a La Habana, Cuba, como representante de las víctimas en las negociaciones de paz entre el gobierno y las Farc. Frente a los voceros de ambas delegaciones sentenció: “No se puede hablar de paz si todos los días se están generando víctimas en el territorio, y sin una estrategia para cuidar el medioambiente”.

Francia Márquez tiene 34 años y dos hijos. En la primera impresión, es tímida y reservada. Usa ropa de colores vivos y lleva el pelo recogido con un turbante. Cuando se pasea por la ciudad en la que vive está siempre alerta. No se siente en paz en ninguna parte. Ni feliz. Extraña a su mamá, a sus hermanos, a la montaña en la que nació y creció siendo una adolescente rebelde que lentamente fue ingresando al movimiento comunitario de su pueblo hasta convertirse en la líder mayor. Márquez habla con nostalgia, sobre todo, del río Ovejas que baña a esa montaña. El río que para su gente lo representa todo: el pescado con el que se alimentan, la minería ancestral que junto a la agricultura les da el sustento, la arena con la que construyen, las aguas en las que aprendieron a nadar y donde vivieron los recuerdos más entrañables de la niñez.

El río Ovejas –que para ellos es “la vida”, como dice Sabino Lucumí– representa el origen del movimiento afro de Suárez. En 1994, cuando el gobierno quiso desviarlo para alimentar la represa Salvajina, la comunidad se organizó por primera vez y logró que se suspendiera el proyecto. “Sentimos que nos iban a quitar parte del corazón”, dice Francia. Apenas comenzaba su batalla contra los depredadores del río.

Francia Márquez afirma en tono enérgico, sin titubear, que la minería ilegal e inconstitucional ha generado en su pueblo “desplazamiento forzado, destrucción ambiental y riesgos de perder la soberanía alimentaria”. Su perfil de líder empezó a formarse a los 16 años. Antes era una adolescente apasionada por la música folclórica, que recibió una beca en Bellas Artes para estudiar técnica vocal. Una joven que se convirtió en madre soltera a los 16 años y se trasladó a Cali a trabajar como empleada doméstica.

Alternaba la vida entre ser madre, estudiar una técnica en explotación agropecuaria en el Sena y trabajar en casas de familia. “Me estaba muriendo criando niños ajenos y abandonando a los míos, y además recibiendo malos tratos”, cuenta, mientras se moviliza hacia Santander de Quilichao, donde se reunirá con su grupo de escuderas. Francia renunció a todo en Cali y se dedicó al trabajo comunitario. Lideró la segunda gran campaña de la lucha afro en Suárez: la derogación de ocho títulos que las autoridades mineras autorizaron para explorar y explotar oro en su territorio, sin respetar su derecho a la consulta previa.

Los títulos ocupaban parte del río Ovejas y de la montaña donde han estado ancestralmente (desde 1636 existe registro de presencia afro allí). Pero el acto final que reforzó su indignación ocurrió en agosto de 2010, cuando la comunidad de La Toma recibió la notificación de que sería desalojada porque su tierra ahora le pertenecía al señor Héctor Jesús Sarria, dueño de uno de los títulos. La Defensoría logró suspender la diligencia.

Ese mismo año la Corte Constitucional hizo un pronunciamiento que le dio una victoria parcial a este pueblo afro. Acogiendo una tutela interpuesta por Francia Márquez y Yair Ortiz, representantes del Consejo Comunitario de La Toma, ordenó suspender todas las licencias otorgadas sin cumplir el proceso de consulta previa. Ahora la comunidad pide derogar las licencias.

Y el tercer capítulo de este movimiento empezó hace unos cinco años, cuando los mineros ilegales llegaron a su región, se enquistaron en el río Ovejas, lo devoraron, lo contaminaron con mercurio y cianuro (y también al pescado con el que se alimentan) y sacaron a los mineros artesanales. Y cuando los lugareños los encararon para exigirles respetar su tierra, respondieron con amenazas. “Nos declararon objetivo militar –cuenta Márquez– porque ‘nos estábamos oponiendo al desarrollo’. Firmaban las Águilas Negras, los Rastrojos, y ahora último las bacrim”.

“Se nos vino la avalancha de las máquinas. Ese es quizás el momento más difícil que hemos tenido, cuando llegaron las retro se nos metieron al río”, cuenta Edward Mina, líder de La Toma. Pero no solo su río. Los ilegales se tomaron el departamento completo. En 2014 la Gobernación del Cauca reconoció que existían por lo menos 2.000 retroexcavadoras en trabajos de minería ilegal.

Las autoridades han realizado operativos. En enero destruyeron cinco ‘retro’ en Almaguer, Bolívar y Mercaderes, que al parecer producían 3.000 millones de pesos mensuales para el ELN; en abril capturaron 14 “presuntos integrantes de la banda La Carbonera”, dedicada a la explotación ilícita de oro en el río Sambingo; y también en abril cerraron 123 túneles en minas ilegales en Santander de Quilichao. Pero las ‘retro’ se siguen moviendo por todo el departamento. Hace menos de un mes la Corporación Autónoma Regional del Cauca advirtió que nueve ríos están en riesgo por esta actividad ilegal.

Mientras los ríos y las montañas y los recursos naturales sigan amenazados, el movimiento afro del Cauca seguirá levantando su bandera. “Sueño que mis hijos no tengan que vivir las angustias que he tenido que vivir yo –dice Francia Márquez–. Y que la gente indígena, negra, campesina, pueda vivir en condiciones dignas en su tierra”.

POR: REVISTA SEMANA 

LA NEGRA CASILDA

 

LA NEGRA CASILDA

CASILDA CUNDUMI DEMBELE nació en el Año de (1823) y murió en (1945) en PALMIRA VALLE COLOMBIA tuvo 14 hijos y 58 nietos a los que les heredó su gran legado.

HISTORIA

Casilda Cundumi más conocida como la Negra Casilda fue una gran líder Negra que también fue esclava en las plantaciones de caña de azúcar en Palmira en el año de 1840 se fugó a las montañas entre Cerrito y Palmira en el Actual corregimiento de los Ceibos con 45 cimarrones más y se organizaron en un palenque dirigido por ella y desde ese día ella con los demás Negros cimarrones empezaron a promover la fuga de otros esclavos. Aconteció un día Casilda fue Capturada e iba hacer descuartizada para así meterles terror y miedo a los demás cimarrones y no siguieran incitando a los demás esclavos a fugarse, pero ella con sus conocimientos de magia y brujería logro escapar para continuar liberando a su pueblo del yugo esclavista el 21 de mayo de 1851 se firmó la abolición de la esclavitud en Colombia pero lastimosamente esa abolición solo fue por partes porque en algunos lugares del Valle del Cauca, y Cauca los Negros todavía eran perseguidos y esclavizados.

CASILDA, también era muy conocida por sus grandes Conocimientos de magia y medicina era una gran enfermera curando con hierbas tenía mucho cocimiento en como curar picaduras de culebras entre muchas otras cosas más.

una mujer que tenía una Sabiduría inmensa, una mujer guerrera Que nunca agachó la cabeza, nunca se dejó humillar ni Maltratar de ningún blanco era una mujer esbelta alta y muy hermosa y muy orgullosa de Su raza siempre tuvo ese espíritu libre y Guerrero por eso Huyó para liberar a su Pueblo cuando Apenas tenía 17 Años.

Casilda también aprendió a leer y escribir porque también tuvo un romance con un español Criollo el cual también fue padre de sus primeros 5 hijos,  también fue intermediario para que los Negros de las demás haciendas se Fugaran, fue fusilado el 7 de abril de 1857 en la plaza de Bolivar en Palmira Valle, por ayudar a los Negros a Escapar.

Un día Casilda se encontró a su padre que era Hougan o Sacerdote Vudú el Cual con Sus Conocimientos ocultos le ayudó para que siguiera con la causa Negra para que al fin su sueño de libertad se hiciera realidad. Un día Casilda se infiltró como esclava en las plantaciones de caña y les dio un polvo tóxico a los esclavos para que cuando terminará su día de trabajo se lo echaran a todo blanco que vieran para asi poder escapar y hacer el ejército Negro más fuerte, el 14 de febrero 1862 Casilda con 200 Negros cimarrones lograron vencer al ejercito Criollo en Palmira Valle. Fue un Día glorioso para todos los Negros Cimarrones que Llevaban más 20 años luchando por su libertad.

CASILDA CUNDUMI DEMBELE  O LA NEGRA CASILDA

Fue la verdadera libertadora de los Negros del Valle del Cauca Casilda Murió a la edad de 123 Años En Palmira Valle Colombia.

REAL BLACK HISTORY

EL BAR QUE NO ACEPTA NEGROS

 

EL BAR QUE NO ACEPTA NEGROS

La historia de una activista contra el racismo desde hace dos décadas, que recientemente fue víctima de discriminación en un exclusivo bar del norte de Bogotá. Analiza acciones ante la justicia y evidencia que el fenómeno crece.

En abril de 2008 tres parejas de jóvenes afrodescendientes hicieron un recorrido por varios bares de la Zona Rosa, al norte de Bogotá, con el propósito de buscar un sitio reconocido en donde escuchar música, bailar salsa y tomarse unos tragos. La sorpresa fue mayor porque en tres establecimientos no fueron admitidos por su color de piel. Los jóvenes acudieron a la justicia y, seis meses después, la Corte Suprema les concedió un recurso de amparo para garantizar sus derechos a la igualdad, la honra y la dignidad humana. En su pronunciamiento, la Corte obligó a los bares a presentar disculpas públicas a los seis afectados y conminó al Gobierno a promover una ley antidiscriminación racial.

A la determinación de la Corte Suprema le habían antecedido dos sentencias de la Corte Constitucional que buscaban impedir la discriminación racial en bares de Cartagena. A ello se sumó que en agosto de 2011 el Congreso expidió la ley que penaliza el racismo y la discriminación racial en el país. Con sanciones penales entre uno a tres años de cárcel, que se extienden hasta cuatro años y medio si el delito es cometido por un funcionario público o en contra de un menor de edad, se pensaba que sería una solución de choque contra el racismo.

Han pasado ocho años del bochornoso incidente con las parejas de jóvenes negros en Bogotá. El bar Gavanna, donde era frecuente la discriminación, cerró hace cerca de dos años. Pese a las leyes, fallos y pronunciamientos oficiales, los actos de racismo en bares y restaurantes de Bogotá y diferentes ciudades del país continúan. El más reciente de ellos fue el pasado viernes 3 de junio, cuando en el bar Cachao, ubicado en la Zona T de Bogotá, no le permitieron el ingreso a Danit Torres Fuentes, una trabajadora social de 43 años, quien paradójicamente, desde hace dos décadas, trabaja en procesos de formación a maestros y ciudadanía para una educación libre de racismo y discriminación.

Eran las 7:30 p.m. cuando Danit y dos amigas acordaron ver el partido inaugural entre Colombia y Estados Unidos por la Copa América Centenario de Fútbol. Danit se dirigió al bar Cachao, ubicado en la calle 82 con carrera 13, de propiedad del empresario Andrés Ardila. El establecimiento fue bautizado en homenaje a Israel López, Cachao, músico y compositor cubano que falleció en marzo de 2008. Según lo documentó la página especializada en bares Hardsalsabogotá: “Los socios del Club Gavanna, a raíz de las acusaciones de racismo, decidieron abrir un establecimiento donde el fuerte fuera la música de negros y al que, por supuesto, pudieran ingresar personas sin importar su raza”.

Danit, una robusta mujer afro de Cartagena, llegó al establecimiento primero que sus amigas. Hizo fila y solicitó a la acomodadora una mesa para tres. De inmediato le respondieron que todo estaba reservado y que no había disponibilidad. Entre tanto, ya había entrado sin problema otro cliente que no tenía reserva. Así pasaron varios clientes y Danit se alejó de la entrada del bar por unos momentos. Luego llegó Ana Mercedes Cepeda, su amiga mestiza, a quien le abrieron las puertas del bar sin problema y le asignaron mesa, tras advertirle el precio del cóver.

Sin saber que se trataba de su amiga, Danit apareció de nuevo y muy molesta con la situación le pidió a la acomodadora llamar a su jefe para poner la queja. Éste llegó de inmediato y le preguntó por qué le indicaron que no había cupo y a los pocos minutos a su amiga Ana Mercedes le dieron mesa sin dificultad. El administrador argumentó que no sabía por qué lo habían hecho, le pidió calma y le ofreció una mesa en el establecimiento.

Danit no ingresó a Cachao al considerar que el acto fue claramente segregracionista. Muy molesta, grabó la conversación, tomó algunas fotografías, decidió contar su historia a través de redes sociales y durante los días siguientes se dedicó a hacer seguimiento a su caso. “Este es un incidente deshumanizante, los negros y las negras de Colombia seguimos luchando por recuperar nuestra humanidad, casi 200 años después de ser libres en el papel, seguimos siendo esclavizados por el racismo, la discriminación y la pobreza”, resalta.

Pobreza que ha vivido y superado Danit Torres. Hija de una empleada del servicio y un comerciante de la plaza de mercado de Cartagena, es la tercera de cuatro hermanas, pero la primera de la familia que con mucho esfuerzo llegó a la Universidad de Cartagena y se graduó como trabajadora social con notas sobresalientes. Y fue Adelina Covo, la abogada cartagenera quien en 1994 descubrió su talento y le dio la oportunidad de trabajar en Bogotá. Primero en el Viceministerio de la Juventud. Después en el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), pasó luego a coordinar organizaciones sociales dentro del Plan Colombia, y entre 2004 y 2010 trabajó en la Secretaría de Educación de Bogotá. Con dos maestrías, una en psicología social y otra por culminar en estudios políticos, hoy Torres labora en la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), en temas antirracismo.

A diario siente la discriminación. Los vigilantes de los edificios le requisan el bolso, la confunden con frecuencia con empleada del servicio doméstico o no le permiten el acceso en bares como Cachao, a lo que responde que vigilantes, policías, domésticas y diversos empleados son víctimas de un sistema educativo que les enseñó a discriminar, “con ellos y con la sociedad el camino educativo es largo, por eso hay que seguir fortaleciéndolo y acompañándolo, la opción es no retroceder, y en esto seguiré trabajando”.

Dos días después del incidente en el bar, el domingo en la tarde, mediante redes sociales, apareció Ray Charrupi, director de la ONG Chao Racismo y de la Fundación para el Desarrollo de la Raza Negra (Fedepran), beneficiario de un contrato por $1.600 millones en el ICBF regional Valle del Cauca para educar 1.273 familias vulnerables en Buenaventura, y se comunicó con Torres. Le informó que el dueño de Cachao reconoció el acto de discriminación, que la empleada que lo hizo fue despedida y manifestó: “En este caso sí creo que fue un acto individual, ya que conozco al dueño del establecimiento, he estado allí decenas de veces y he visto cientos de negros”, le indicó Charrupi.

Luego le informó que el dueño del bar se comunicaría con ella, que se excusaría, que haría un pronunciamiento público y que con los bares Bendito y Roxane, que son también de su propiedad, más otros del sector, realizarían una campaña para generar que la Zona T sea libre de racismo, a la que la invitaron a participar.

Diez días después del incidente racista las cosas siguen igual. El propietario del bar no ha aparecido ni en privado ni públicamente, la anunciada campaña fue sólo promesa de momento, Chapurri no volvió a reiterar sobre el tema. Entre tanto Danit Torres sigue firme y solitaria trabajando para prevenir el racismo y la discriminación, de la que es la más reciente víctima. Sigue pensando en una acción judicial contra Cachao. “El racismo sigue presente en nuestra sociedad, nadie se reconoce como racista, las formas de discriminación se refinan, pero frente a estos hechos hay más indignación, a la gente estas cosas no se les olvidan, se van a acordar siempre”.

Algunos casos relevantes de racismo

En un restaurante

El 20 de enero pasado, Angélica Valencia, de 35 años, denunció racismo al no ser atendida en un restaurante en Bogotá. Empleados del sitio aseguraron que no había servicio, pero ella confirmó que sí había gente y que al pasar, tiempo después, el lugar funcionaba. “En 71 años nunca me había sentido tan humillada”, dijo la mamá de la víctima.

Los vehículos de alta gama

Tres ejecutivos afrocolombianos aseguraron, en un caso que se conoció en febrero de 2014, que agentes de la Policía los bajaron del carro en el que se movilizaban, un BMW, con la excusa de que “los negros no pueden andar en carros de alta gama”, denunció uno de los afectados, el representante de la Cámara de Comercio Afrocolombiana, Marcel Echeverry.

En una cadena de almacenes

El pasado 14 de enero, Verónica Ramírez denunció que su hijo de 6 años de edad, de Armenia, fue discriminado en Carulla de La Alhambra, al norte de Bogotá. Según la denunciante: “Estábamos oliendo productos y se nos acercó un funcionario para prohibirlo, le dijimos que lo reportaríamos y respondió: afro tenía que ser, negro asqueroso”.

Modelo discriminada

En marzo de 2013, en el restaurante Andrés DC, se le negó el ingreso a Diana Caicedo, una modelo afrodescendiente de Cartagena. En la entrada, el acomodador dijo que no podía entrar porque estaba lleno, luego enviaron a otra persona y detectaron que el sitio estaba vacío: “Pensamos que se trataba de una dama de compañía”, dijo un empleado.

Datos de la población afro en Colombia

Según cifras del DANE y de diferentes ONG que trabajan para prevenir el racismo en Colombia, se estima que el país tiene una población de 10 millones de afrodescendientes, de los cuales 1,5 millones están ubicados en Bogotá.

Algunas organizaciones que tienen una labor destacada en la materia son Cimarrón y Chao Racismo. En el gobierno Santos las figuras afros más destacadas son el recién nombrado ministro de Ambiente, Luis Gilberto Murillo. También se destaca la viceministra de Cultura, Zulia Mena.

Expertos en el tema consideran que viene una nueva generación de jóvenes afros, con estudios en el exterior y que empiezan a ocupar cargos de relevancia en los sectores público y privado, y son a ellos a quienes les corresponde seguir defendiendo el legado antirracista. En cuanto a la justicia, por la Ley Antidiscriminación, se considera que hacen falta pedagogía a fiscales y jueces para que puedan aplicar mejor la norma.

POR: EL ESPECTADOR

CALI ¿CIUDAD DE NEGROS?

CALI ¿CIUDAD DE NEGROS?

“MALDITA SEA, CALI ES UNA CIUDAD QUE ESPERA, PERO NO LE ABRE LAS PUERTAS A LOS DESESPERADOS” CALICALABOZO, ANDRÉS CAICEDO.

Hay quienes añoran una caleñidad sin negros y no sólo resisten el hecho que Cali sea la primera ciudad en Colombia en cifras absolutas con población afro, sino que se oponen a los espacios que reivindican y celebran su presencia. El Petronio Álvarez, el festival de música del Pacífico es uno de esos espacios disputados que en cada agosto se replantea su ubicación y no precisamente por razones de espacio sino porque todavía persiste la idea que Cali es o debería ser una ciudad más andina que pacífica.

La primera realidad histórica que vale la pena recordar es que Cali y el departamento del Valle del Cauca, han sido lugares de presencia histórica de población afrocolombiana. Después tenemos las migraciones forzadas por la violencia de población afrocolombiana en los años 80s que reconfiguraron las relaciones sociales y raciales de la ciudad, no porque antes no existiera población negra, sino por las condiciones de violencia y desplazamiento de los que llegaban. ver: historia de Cali en el siglo XX, del profesor Edgar Vásquez y Gente Negra en Colombia: dinámicas sociopolíticas en Cali y el Pacífico.

Estas dos realidades, sin embargo no han sido contadas a la vez, por lo que los habitantes de la ciudad han crecido pensando que antes de las masivas migraciones desde el pacífico en los 80´s Cali era muy blanquita y desarrollada. Con nostalgia recuerdan la Cali de los juegos panamericanos, los teatros, los cineclubs, la civilidad y el reconocimiento nacional y no en pocas ocasiones se ha dicho que el liderazgo valluno ha venido a menos debido a la presencia de la población afrocolombiana desplazada a quien ven como una amenaza financiera, social y urbanística para la ciudad.

En estas dinámicas, tenemos el “Festival Petronio Álvarez” el cual se celebra en Cali desde 1997 en el mes de agosto en honor al músico bonaerense, autor de “Mi Buenaventura”, y a la música del Pacífico en general. Más que un evento en la agenda cultural caleña, el “Petronio” se ha consolidado como un proceso social y étnico construido por la población negra de la región en contra de las dinámicas de exclusión y segregación en la ciudad. Como lo señaló su creador Germán Patiño en: Así nació el Petronio: “Lo que soñamos en esa época era celebrar el aporte de una etnia que el racismo latente en el interior del Valle quiso desconocer. Por eso, el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez tenía y tiene aún ese rasgo reivindicatorio. Hoy, miles de personas se reúnen para agitar sus pañuelos al son del Litoral. Y no solo afrodescendientes. Hay que sonreír: el esfuerzo valió la pena”

El esfuerzo valió la pena y lo que tenemos hoy es un proceso musical que acoge la riqueza musical de los instrumentos, cantaoras y músicos del Pacífico, que se ha convertido en un espacio de encuentro musical, gastronómico y artesanal sin precedentes en la región y en el país. Sin embargo, la canción el pacífico es bonito, el pacífico es bonito con sus negros y su Folklor, no suena bien para una franja del «sentimiento caleño» que no encuentra justificación en la identidad pacífica de Cali, más allá de la “fuerza” de su presencia causada por el desplazamiento y la violencia.

Parece que celebrar la presencia y el aporte de la música del pacífico con un evento que de lejos ha superado en calidad, diversidad e integración social a la feria de Cali, es problemático para el sentimiento de caleñidad que ignora que Cali es la capital del pacífico con la mayor presencia de población afrocolombiana. Esta “franja” quiera creer no es ciertamente fuerte, ni representa el “sentimiento regional”, pero hace ruido con comentarios como el de una usuaria de facebook que posteó sobre el Petronio:

 “Ojala se lleven su Petronio de Cali, que se lleven toda esa negramenta a su lugar de origen y a los iletrados que dicen que Cali es del Pacífico están muy equivocados, el valle del cauca es un departamento entre dos regiones, la andina y la pacífica, la parte del pacífico hace parte de Buenaventura, la parte donde está ubicada Cali es parte de la región andina, sino que ese poco de negros quieren pertenecer a Cali como sea! Maldita plaga de mierda…”

Esta, tal vez sea una expresión aislada de ignorancia sobre la realidad racial de Cali y el departamento, pero siempre es bueno usar cualquier oportunidad para confrontar ideas inexactas, descuidadas y abiertamente racistas sobre los aportes valiosos de procesos culturales de inclusión liderados por la población afro como el Petronio.

Afortunadamente esta posición no es la oficial y por el contrario las últimas alcaldías y la secretaría de Cultura y Turismo de Cali han mostrado respaldo y compromiso con el Petronio. El Festival y sus procesos culturales se van consolidado bien y orgullosamente este agosto celebramos sus dos décadas de existencia.

¿Qué representa entonces el Petronio para una ciudad que en los últimos 20 años está redefiniendo su identidad regional a partir de la visibilidad de la población afrocolombiana en el departamento?

Sin duda representa una disputa entre los procesos de inclusión y exclusión presentes en la ciudad. Sin embargo, lo que rescatamos en esta nota es el carácter reivindicativo del Petronio como proceso de inclusión que replantea una ciudad y una región que poco a poco reconoce que la caleñidad y la vallecaucanidad están hechas también por marimbas, cununos y currulaos o incluso que no hay tal disputa entre lo andino y lo pacífico y que la inclusión es un proceso que va ganando espacio en la ciudad.

Ahora, sabemos que la inclusión, es un proceso de muchas dimensiones y  que no se agota en espacios musicales y en festivales; sin embargo es parte importante de lo que somos y su reconocimiento es nuestro también. La música es tal vez una de las formas más hermosas de hacer presencia y resistencia. Nos permite ganar con dignidad y orgullo espacios simbólicos en la ciudad y en la región que poco a poco empieza a reconocer que en ella habita la música y la herencia cultural de los habitantes del pacífico.

POR: OBSERVATORIO DE DISCRIMINACION RACIAL

LAS ‘ALMANEGRAS’: LAS POETAS DEL PACÍFICO

 

LAS ‘ALMANEGRAS’: LAS POETAS DEL PACÍFICO

Cultura 10/07/2014 – 04:39 PM La poeta Águeda Pizarro lo recuerda con nitidez: la mujer se llamaba Encarnación García y debía rondar los 60 años. Llegó vestida de verde, descalza y acaso si sabía firmar. Venía desde la vereda Limones, de Zarzal. Tímida, se asomó al Museo Rayo y sin rodeos lanzó la duda que le revoloteaba por dentro: ¿podía una campesina que no sabía leer ni escribir participar en el Encuentro de Mujeres Poetas de Roldanillo? Es que la señora Encarnación no tenía sus versos, sus poemas, más de 800, en papel. Los portaba en la memoria. Ese año no participó, pero al siguiente regresó. Y así cada vez, hasta hoy. Ya Ediciones Embalaje —sello que nació en el propio festival— ha hecho la tarea de arrebatarles sus poemas a la oralidad y convertirlos en libros. Van dos. Y su historia ha resultado tan excepcional, tan de no creer, que académicos de la Universidad del Valle se interesaron en analizar su obra. Encarnación, pues, se volvió célebre. Lo entiende Lucrecia Panchano, docente y poeta de Guapi, Cauca, que un día —como Encarnación— llegó hasta Roldanillo con sus versos bajo el brazo. “Es que al encuentro no solo asisten las poetas consagradas. Toda aquella que sienta que tiene un verso para compartir, encuentra allá su espacio”. La guapireña es una de las ‘Almanegras’, nombre con el que Águeda Pizarro bautizó a las poetas afrocolombianas más representativas de nuestras letras. Son cuatro y a todas, además de un amor sanguíneo por la poesía, las une el oficio de la docencia: Lucrecia Panchano, Elcina Valencia, Mary Grueso y María Teresa Ramírez. Lo de ‘Almanegras’ fue la manera de ponerlas al nivel de las ‘Almadres’ —grupo inolvidable comandado por dos desaparecidas poetas, la barranquillera Meira del Mar y la huilense Matilde Espinoza—. Se lo merecían: “Debido a la excelencia lograda en su poesía”, como dice Guiomar Cuesta, que ha publicado dos antologías de poesía de mujeres afrocolombianas. Para Águeda, la presencia de la mujer negra en el Encuentro de Roldanillo es la certeza de dos cosas: “La fuerza incontenible de su poesía y la falta de comprensión de su alcance e importancia”. Porque la consolidación misma del encuentro no fue fácil. En sus inicios, por allá en el año 1985, quienes se reunían eran apenas siete poetas. El maestro Omar Rayo no dudó en abrir las puertas de su museo para acogerlas, bajo el liderazgo y complicidad amorosa de Águeda, su esposa. Lo hizo aunque llovían burlas y críticas. Decían que el maestro estaba loco. ¿Mujeres poetas reunidas? ¿En Colombia? “Como ha pasado en otros espacios, la literatura colombiana ha sido tremendamente desigual con la mujer, “Ha habido mucho ‘ninguneo’. Aún hoy me preguntan cuándo voy a fundar un encuentro de poetas para hombres. Y yo pregunto, ¿acaso todos los demás encuentros que se hacen en el país no son de hombres, con una que otra mujer invitada? Así estaban las cosas, cuando a finales de los 90 Águeda, empeñada en derribar nuevos muros, les dio la bienvenida a las ‘Almanegras’. Fue como empezar a saldar una deuda con la literatura afro en Colombia. Rica como la selva, pero tremendamente ignorada y limitada a algunos nombres —masculinos, claro— como Candelario Obeso y Jorge Artel. ¿Y las mujeres? ¿Qué sabíamos de todos esos versos que se entregaban al viento, al pie de un fogón, mientras hervía un atollado de piangua o mientras se lavaban las ropas en el río? Águeda y el maestro Rayo lo entendieron a tiempo, porque como ella misma explica: “La poesía es la expresión de la música verbal de los pueblos; su origen es oral y la versificación que luego emplearon los poetas cultos surgió del habla de campesinos y pescadores, de los cantores y trovadores de cada país. Creo, así como mi padre, Miguel Pizarro —poeta andaluz de la Generación del 27— que la poesía nace en la memoria colectiva y que las lenguas se diversifican a través de procesos poéticos ”. Por eso, cada vez que Lucrecia, Elcina, Mary y María Teresa recitan sus versos deben ‘subirse’ de nuevo, como ocurría siglos atrás, a la tarima del mercado de esclavos. Hacen historia. Porque su poesía está cargada de pasado —de un pasado injusto, sobra decir—: “Yo vengo de una raza que tiene una historia pa’ contá / que rompiendo las cadenas / alcanzó la libertá”, como bien escribió Mary Grueso. Cargada también de costumbres ancestrales y de acentos, como la propia Mary ha cantado: “Con mi champa y mi canalete, empiezo a canaletiá. / Y es por esa negra que la pena me va a acabá, / y como mi atarraya y empiezo a atarrayá”. Cargada del dolor de la exclusión de la gente de su raza. De la cotidiniadad de las ciudades en las que muchos cambian de acera cuando se encuentran de frente con un negro, como lo describe con dolor Elcina: “No te asustes carterita/ porque escondes mi tesoro./ El hombre que va a tu lado es tu amigo, no te asustes/. Es libre de andar la calle, / la piel no tiene color, no tiene maldad”. “Creo, piensa Lucrecia, que es un discurso obsoleto que nos trajeron y nos esclavizaron. Nuestra poesía rompe definitivamente esas cadenas porque son solo mentales. Nuestros versos ahora celebran el presente sin olvidar las lecciones del pasado”.

La hija de Changó

En 2012, María Teresa Ramírez editó un libro que sorprendió al mundo de la poesía en Colombia: eran páginas y páginas de versos escritos en lengua palenque y en castellano. Se llama ‘Mabungú triunfo’ y es el resultado de su terquedad. Años atrás se había propuesto aprender la lengua palenquera. Y viajó hasta esa población que se recuesta en las estribaciones de los Montes de María, en Bolívar, para que sus propios habitantes le enseñaran. Pero de nada sirvió. “Solo entre ellos hablaban su lengua, para comunicarse con gente de otras partes, usan el español”, cuenta. Con el deseo intacto se quedó hasta que una docente le regaló un diccionario de palabras palenques. “Lo abrí y la primera que apareció fue ‘abalenga’, que traduce noche hermosa. Yo me había trazado un camino con la palabra y entonces lo seguí. Mi meta era llegar a África y, como se sabe, el único pueblo de Colombia que conserva sus raíces africanas es Palenque”. Ahora está metida de cabeza y corazón en sacar adelante otro libro, ‘Palakies africanos’, para el que ha estudiado con dedicación la lengua yoruba y toda esa cosmogonía que encierra la santería. “Creo que aún es un tema incomprendido, porque se asume que santería es hechicería. En mis poemas planteo eso y toda esa riqueza yoruba que es otra huella permanente de África en este continente”. Sería el quinto libro de esta hija de Corinto, Cauca, de 75 años, que desde niña se trasladó con su familia para Buenaventura y que como todas las ‘Almanegras’ se ha ganado la vida en la docencia en El Puerto y en los municipios de Silvia, Santander de Quilichao y Palmira. Licenciada en historia y filosofía de la Universidad del Valle, en 1988 se vinculó al Encuentro de Mujeres Poetas de Roldanillo. A partir de entonces, no solo comenzó a recopilar su producción literaria —de la que hacen parte también ‘La noche de mi piel’, ‘Abalenga’ y ‘Flor de Palenque’— sino que comienza a estudiar el universo de la literatura afrodescendiente. Su poesía, claro, es un canto permanente a su raza, a sus raíces africanas: “¿Dónde me trajiste extranjero? / Dolor, muerte, separación, / llanto a gritos desde el alma. / ¿África te vas? / Adiós tierra mía/ ¡Adiós, ya me voy!/ Adiós, tierra mía. / ¡Adiós, ya me voy!

Entonces ¡África grita!

Siendo apenas una niñita de 13 años, la guapireña Lucrecia Panchano se marchó de su pueblo para alfabetizar a los indígenas embera. La escogieron porque no era ni negra ni blanca, según cuenta en medio de sonrisas. Bien lo declara en uno de sus poemas: “Yo soy zamba, hija de negro y de india”. Con los años, claro, como lo son “todas las mujeres de Guapi”, acabaría convertida en maestra rural. Criada por su abuela materna y cobijada en el regazo poético de las historias que le contaban de su tía abuela Luz Panchano, analfabeta de gran aliento lírico, Lucrecia fue descubriendo su capacidad para improvisar líneas rimadas al pie del río de su pueblo. También con las lecciones de maestros como Elcías Martán Góngora “de quien aprendí el poder que tiene la palabra sin importar el idioma en que se diga. Es que Guapi tiene un no se qué que uno no sabe explicar, porque está lleno de poetas, la poesía brota silvestre”. Hoy, dueña de una vitalidad arrolladora, cuesta creer que camina por la vida con casi 80 años a cuestas, una obra poética de siete libros y unos 300 poemas que recita de memoria sin dificultad. Aún así, prefiere que no la llamen poeta sino artesana de la palabra. Lo ha constatado Águeda Pizarro desde que la vio por primera vez en Roldanillo. Cree que la poesía de Lucrecia “Es inseparable de su vida y su vida es inseparable de su negritud y de la expresión viva de su pueblo. Ha estado entregada por años a la expresión auténtica del verbo negro”. Y es fácil tropezar con ese sentimiento en sus libros: En tu fisionomía, pelo y piel, África grita / (…) África grita en las mil voces del ancestro./ Como fuerza telúrica estremece nuestro ser. / Grita todo lo suyo, / que también es lo nuestro / en todos nuestros actos y en nuestro quehacer. Estuvo con ella durante los más de 30 años que trabajó en la Sociedad Portuaria de Buenaventura, de donde se jubiló, y donde ejerció la tarea de comunicar a los buques y barcos que quebraban a diario las aguas oscuras y altaneras del Pacífico. Fue otra manera de hacerse dueña de la palabra, de expresar, de cantar. Alguna vez, recuerda, “Me preguntaron por qué siempre la poesía de la gente del Pacífico hablaba del mar. Ella, obvio, lo respondió con versos: “…para querer el mar en tempestad o en calma / para adueñarlo de mis pensamientos,/ para no encasillarno en ningún sexo / y poderlo llamar como él o ella / decía el mar o la mar con embeleso / y, como él, ennoviarlo con hermosa estrella / y como ella aparearlo con un lindo lucero

Palmeras, versos y manglar

De niña ya componía canciones y las entonaba frente a sus amigos y vecinos de Puerto Merizalde, la vereda del Pacífico, pegadita a Buenaventura y el río Naya, donde nació. Porque María Elcina Valencia no solo es poeta sino cantautora. Y además bailarina folclórica. Y esa plasticidad suya, ese dominio pleno del cuerpo sobre el escenario, le mereció que todos en El Puerto la llamen con cariño ‘Palmera’. Egresada como licenciada en la Normal de Señoritas Juan Ladrilleros, al Encuentro de Mujeres Poetas de Roldanillo llegó en 1991 y en 2007, junto a Mary Grueso y María Teresa Ramírez, Águeda Pizarro la acogió como una de sus ‘Almanegras’ y junto al maestro Omar Rayo la apoyó en la publicación de su primer libro ‘Todos somos culpables’. Para Águeda, “Elcina es una encarnación de Yemayá, una ‘sirenegra’ en su poesía cantada y escrita”. Cada vez que canta en Roldanillo, dice, “Nos envuelve en su currulao. Con su voz tiende un puente entre África y América”. Elcina fue más lejos. Llegó a Cuba, Brasil, Suiza, Costa Rica, Panamá, Grecia, Alemania, España, Francia, Italia, Austria, Bélgica e Inglaterra. Ella es otra de las poetas que reivindica la tradición oral en la cultura del Pacífico a través de sonetos, décimas, coplas y versos libres que giran siempre sobre amor, erotismo, tradiciones de su raza y de eso que ella llama los ‘distintos cautiverios’ de la mujer negra: “No quiero tener marido / porque esclava me han de ver / cuando enamoran son buenos/ después dejan de querer/ ellos buscan la mujer pa’ las cosas del amor / que los pongan en cuestión y les hagan de comer”. “Nosotras tenemos un compromiso social grande: como mujeres, docentes y afrocolombianas”, dice ella. Dice y ‘versea’. La primera vez que ocurrió de forma consciente fue para una tarea de español en clase de la maestra Elba Martínez Peña. Era 1988. Desde entonces, lleva seis libros publicados, decenas de concursos ganados, entre ellos uno de poesía erótica promovido por El País.

La muerte como inspiración

La pérdida de su esposo, Moisés Zúñiga, con quien se había casado a los 23 años y tenido dos hijos, fue un hecho providencial en la vida de Mary Grueso: en medio de ese dolor, esta guapireña comenzó a escribir versos. En su libro ‘El mar y tú’ es posible espiar esas grietas del alma: “Oigo tu nombre por todas partes/ y el olvido no acude a mí/ mi corazón sangra al oír tu nombre / implorando al cielo qué hacer sin tí”. Era 1991. Para entonces trabajaba como maestra de primaria en Buenaventura. Moisés, reconoce ahora, fue el hombre que le permitió cursar sus estudios de licenciatura en la Normal Nacional de las Hermanas de la Providencia y la dejó a las puertas de una extensa carrera de letras, no solo en poesía sino también en cuento, y con un sitio en la historia de la literatura afrocolombiana. De hecho, su legado le hizo merecedora de hacer parte de las cien mujeres más influyentes del Siglo XX en el Valle del Cauca. Si bien no se hizo poeta tempranamente, de niña ya había aprendido sobre el valor de la palabra de labios de su padre, Wilfredo Grueso, un agricultor que reunía a la familia y a sus vecinos del pueblo para contarles historias. De ese pasado feliz abrevó Mary lo que después llevaría a su poesía: la soberbia tradición del relato oral, tan cargada de historia, cultura y cotidianidad —tan vivo aún en la Costa Pacífica— y, sobre todo, la identidad afro. Con ese legado llegó en 1995 al Encuentro de Mujeres Poetas de Roldanillo, donde Águeda Pizarro la bautizó como una de las ‘Almanegras. “Sus poemas, esculturas talladas por su mente y corazón, se pueden comparar a los tambores de África que los esclavos recrearon en América para enviarse mensajes de libertad inescrutables para los amos blancos y los negreros”, asegura la gestora del festival. Mary misma lo reconoce. Con sus versos, claro: “¿Por qué me dicen morena? / Si moreno no es color, / yo tengo una raza que es negra / y negra me hizo Dios”. De hecho ‘Negra soy’ fue la obra que la hizo merecedora del premio Ediciones Embalaje, que se entrega en encuentro en Roldanillo. Ya había publicado ‘El otro yo que sí soy yo, poemas de amor y mar’, ‘El mar y tú’, ‘Del baúl a la escuela’ y ‘La muñeca negra’, un texto de cuentos para niños ilustrado especialmente para niños afro: “Con este libro quiero que la gente nos mire, no solo que nosotros miremos a los demás”

Por: Lucy Lorena Libreros | Periodista de GACETA

¿CÓMO NACIÓ EL DÍA DEL IDIOMA?

                                                            ¿CÓMO NACIÓ EL DÍA DEL IDIOMA?

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Cada 23 de abril el mundo de habla hispana le rinde homenaje a Miguel de Cervantes, creador del “Quijote”. Conoce su historia.

El Día del Idioma es un homenaje a la memoria del gran escritor español Miguel de Cervantes Saavedra, quien contribuyera al engrandecimiento de la lengua española por su obra maestra ‘El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha’. Esta novela, publicada en el año 1605, logró consolidar nuestro idioma y su autor llegó a la cima de la gloria de la Literatura Universal, compartiendo honores con Homero, Dante y Shakespeare.

La profunda realidad del personaje ha hecho que el famoso caballero “Don Quijote de la Mancha” se convierta en el símbolo universal de la lengua española. Por la capacidad de haber creado una fábula y una serie de personajes en los que caben los defectos, las virtudes, las debilidades y aspiraciones de la vida humana, Miguel de Cervantes mereciese el título de “Príncipe de los Ingenios Españoles”.

Cervantes preparaba una nueva versión de “El Quijote” que se escenificaría al parecer en América, pero luego de una penosa enfermedad falleció en Madrid, el 23 de abril de 1616. Todos los años, cada 23 de abril, se celebra en el mundo de habla hispana el “Día del Idioma”.

Miguel de Cervantes Saavedra fue un hombre de contradicciones, soldado por desafuero, novelista por convicción, poeta irónico y certero, dramaturgo. Nació el 29 de septiembre de 1547 en Alcalá de Henares, o por lo menos eso es lo que se dice, aunque hay versiones de otras fechas y años, nadie tiene el dato exacto. Su padre, de ascendencia cordobesa y antepasados gallegos, se llamaba Rodrigo de Cervantes y era cirujano, que era en esos día un oficio muy abierto, y así como extirpaba muelas, curaba dolores y cosía heridas. Un verdadero “matasanos”.

Su madre fue Leonor de Cortinas, de la cual apenas se sabe nada, excepto que era natural de Arganda del Rey.

Miguel era el menor de cinco hermanos y no existen datos precisos sobre los estudios, que, sin duda, no llegaron a ser universitarios. Se deduce, por el personaje del bachiller Sansón Carrasco, que Cervantes sentía cierta repulsión por los togados. Sin embargo, hay algunas pistas en documentos de la época que sugieren que Cervantes pudo haber asistido a alguna institución educativa en Sevilla. También es muy posible que estudiara en la Compañía de Jesús, ya que en la novela “El coloquio de los perros” elabora una descripción de un colegio de jesuitas con ciertas alusiones a la que sería su vida estudiantil.

¿Cómo se originó nuestro idioma?

La palabra idioma tiene procedencia griega y significa la manera de expresarse o el lenguaje usado para comunicarse unos con otros, entre los habitantes de un pueblo de una nación. Muchísimos han sido los idiomas utilizados en el mundo y de ellos, muchos también se han dejado de hablar. A estos se les llaman “lenguas muertas”, la más famosa es el latín. Uno de los idiomas más antiguos es el sánscrito, originario de la India, donde fue el idioma nacional hasta el siglo III de nuestra era, o la lengua aramea, de la que según los expertos, fue la lengua que hablaba Jesús.

Los idiomas no son entes estáticos, sino que están en constante transformación. Para la muestra lo que ocurre con las jergas juveniles, que hacen a diario ampliar el léxico de nuestro idioma. Las palabras se adaptan a las regiones y las costumbres de las personas y dependiendo de las viviencias de estas gentes le aportan nuevas definiciones. Nuestro bello idioma se originó en Castilla (España) hacia el siglo IX d. C, pero le tomó varios siglos para consolidarse como una lengua.

¿Desde cuándo se celebra el Día del Idioma en Colombia?

Durante el gobierno del presidente Alfonso López Pumarejo se instituyó, mediante el Decreto 707 de 1938, que el día 23 de abril, fecha en que se cumple el aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra, se celebrara en Colombia el Día del Idioma.

A raíz del III Congreso de Academias de la Lengua Española, realizado en Bogotá en julio y agosto de 1963, el gobierno colombiano sancionó como Ley el Decreto 707 del 23 de abril de 1938, convirtiéndose así en la Ley 2a de 1960, como homenaje a tan importante certamen y en una demostración de aprecio por nuestro lengua.

POR: ASOMECOS AFRO