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RACISMO DENTRO DE LA SOCIEDAD COLOMBIANA

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El racismo o prejuicio racial en Colombia es el conjunto de ideas y fijaciones sicológicas de discriminación raciales mantenidas en el inconsciente colectivo de nuestra sociedad. Es una herencia ideológica de la colonia esclavista, recreada y reproducida en nuestros días por la penetración cultural de los Estados Unidos, mediante la manipulación del contenido de los medios de comunicación, y por el reflejo en la conciencia social de las condiciones de marginación y atraso económico, social y cultural que afrontan los pueblos afros e indígenas, como resultado del desarrollo histórico desigual y las deformaciones del capitalismo en el país.

El perjuicio racial tiene como origen en las definiciones que el esclavista hizo de la persona y las culturas africanas para justificar su esclavización. En Estados Unidos el esclavo era considera bestia que no merecía salvar su alma, y en la llamada “Hispanoamérica” era un salvaje para civilizar y salvar mediante el evangelio.

El sistema esclavista generalizó las ideas de la inferioridad racial de la persona africana esclavizada en la conciencia de las clases, sectores y capas de la sociedad y en especial entre la población blanca. En la Costa Atlántica fue donde se desarrolló más activamente el sistema de castas de color o sistema de división social por el color, que logró estimular y profundizar las rencillas, prejuicios y divisiones entre el pueblo explotado, y en mayor grado entre los propios africanos esclavizados.

El fenómeno psicológico del prejuicio racial ligó en acción recíproca la situación de clase y de raza de las estructuras de la sociedad esclavista colonial. Persona negra y condición de esclavo significaron igual cosa; la comunidad africana estuvo sometida a dos tipos fundamentales de relaciones: unas relaciones de explotación económica y otras de opresión étnica y cultural que justificaban las anteriores. Durante 400 años de esclavización legal, las relaciones entre población identificada socialmente como blanca y las africanas crearon toda clase de antagonismos colectivo del grupo mestizo-blanco la actitud del grupo superior y la definición de persona y comunidad afro inferior. Los mecanismos de ascenso y prestigio social estaban determinados por la identificación entre el color y la situación de clase, dos elementos inseparables cuya acción era recíproca y permanente: comenzaba con el español nacido en España y descendía con el español criollo, y las personas mestizas, indígenas y las africanas con todos sus colores.

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Los derechos naturales y sociales reconocidos en la época eran de goce exclusivo de la comunidad blanca. El esclavo negro no era reconocido como persona igual y menos podía otorgársele derechos, ellos significaría para los esclavistas igualarse a su condición. Durante cuatro siglos de esclavitud directa las masas negras fueron despojadas de la libertad personal, de movilización, del derecho a la familia, del derecho a la propiedad, del derecho a la educación y la cultura, de los derechos a tener una patria y una nacionalidad, y de un modo de vida digno de humanos. Toda América fue convertida en una gran cárcel para las personas africanas secuestradas para ser esclavizadas.

Las sociedades americanas y el mundo capitalista en general, fueron traumatizados por este trascendental proceso de deshumanización y explotación, cuyas consecuencias y trascendencia son notorias, y en especial, en las comunidades conformadas por descendientes de africanos esclavizados, que afrontan condiciones difíciles de subdesarrollo, exclusión, de desigualdad, de marginación, y en la persistencia, en el inconsciente colectivo, del prejuicio racial.

Durante la esclavitud, las clases esclavistas crearon una imagen estereotipada de la comunidad africana esclavizada, interrelacionada y confundida con las penurias, trabajos y vida infrahumana del trabajador esclavo. La persona africana fue considerada por la población española y, posteriormente por la mestiza-blanca, como la raza inferior, fea, perezosa, bruta, sucia, mala e hija del diablo. Los esclavistas y las personas blancas se autocalificaron de raza superior hermosos, trabajadores, ahorradores, inteligentes, delicada, buenos hijos de Dios. Las personas africanas fueron bautizadas “por si tenían alma”.

Estas ideas y actitudes quedaron como fijaciones en el inconsciente colectivo, entendiéndose éste como “el conjunto de perjuicios, mitos, actitudes colectivas de un grupo determinado… es la consecuencia de lo que llamaría la imposición cultural irracional… gracias al inconsciente colectivo el antillano -negro- ha hecho suyos todos los arquetipos del europeo”.

Esta herencia colonial esclavista quedó impresa en la formación lingüística latinoamericana. El adjetivo “negro” es sinónimo de los estereotipos racistas contra los descendientes de los africanos esclavizados, es sinónimo de lo malo y lo aborrecido por la sociedad, y se reproduce en cientos de palabras y frases tales como: “aguas negras, suerte negra, zona negra, obra negra, lista negra, negro final, negra intención, leyenda negra, negros pensamientos, negros recuerdos, bolsa negra, libro negro, alma negra, mercado negro, humor negro”, etc.; existe el verbo “negriar”.En el folclor popular son numerosos los refranes y dichos, llevados de boca en boca que inferiorizan a la persona negra. En los escritos que aparecen en los sanitarios de universidades, colegios, fuentes de soda, griles, otros, la actitud discriminatoria y la subvaloración de la persona negra son manifestadas abiertamente, y están muy arraigadas en los colombianos socialmente reconocidos como “blancos”, y existen en todos los sectores sociales.

Con el desarrollo de los deportes en las últimas décadas y la destacadísima actuación de los jóvenes afros, ha surgido el estereotipo del “negro deportista”; destacarse en los deportes como el boxeo, el fútbol, el béisbol, el atletismo, constituye una salida hacia el progreso social, que se presenta a los jóvenes negros, hermosos y fuertes, por su valor, inteligencia y su capacidad física, pero prisioneros del aislamiento, la ignorancia, el desempleo y la falta de oportunidades.

Reconocidos héroes del deporte nacional como Pambelé, Valdés, Willington Ortiz, Ricardo Cardona, Silvio Salazar, Faustino Asprilla y Edgar Rentería y tantos atletas sobresalientes, han llegado a la gloria de los pedestales solos, imponiéndose con su coraje y decisión de lucha, desarrollando sus capacidades sin otra ayuda que la propia voluntad y compromiso por la superación personal.

El prejuicio racial se sigue reproduciendo en la actualidad por la influencia cultural y la penetración del modo de vida de los Estados Unidos, y a través de los programas de educación, estatales y privados.

En el continente americano, los Estados Unidos han sido los campeones del racismo y la sobreexplotación de la comunidad afro, los programas de televisión, la radio y las noticias, los artículos de prensa, las revistas y la mayoría de películas que nos llegan directamente de los estudios estadounidenses difunden estereotipos racistas y una imagen distorsionada del papel histórico, las actividades, la vida social y las actitudes de la persona y la comunidad afro de Estados Unidos. A la desvalorización de la persona afro, se une la difusión de la violencia y la pornografía, que los medios de comunicación, mediante la repetición, la simplificación y el acondicionamiento del mensaje, fijan en la sicología social.

La televisión colombiana desde su fundación muestra a la persona afro en la ejecución de papeles racistas que desde la esclavitud le han sido asignados: el de siervo, el de malo; ridiculiza cuando disfraza a actores blancos para representar hombres negros.  La comunidad afro organizada debe exigir al Estado la prohibición de este tipo de publicaciones en respeto a la dignidad de la persona negra y con el propósito de acabar con los prejuicios raciales.

La educación es uno de los medios más activos para la eliminación de los prejuicios raciales; pero al contrario, la educación colombiana es un vehículo reproductor y transmisor del etnocentrismo y los estereotipos racistas. Los textos y programas ignoran la importancia de las comunidades africanas como uno de los componentes básicos, forjadores de la identidad cultural y nacional, desconocen su personalidad histórica, en especial las raíces africanas y hacen una referencia ocasional y simplista de su realidad y problemática actual. Son contenidos que estimulan la formación y fijación del prejuicio en el proceso de síntesis que va elaborando el estudiante e inconscientemente aprende a no reconocer ni identificarse con las comunidades negras e indígenas.

La determinación de los valores e ideales que conforman la identidad étnica, cultural y nacional, constituye un problema para los colombianos porque ignoran la verdadera trayectoria histórica del país, desconocen la significación y existencia del concepto de identidad, y reciben un mensaje educativo donde predominan el etnocentrismo blanco, promotor del sentimiento de la llamada hispanidad o identidad hispanoamericana.

Los colombianos no son educados para comprender que las bases étnicas y culturales de la nación colombiana no surgieron únicamente de las sociedades europeas sino también, y en igual trascendencia, de las sociedades y culturas de África y América. Del mestizaje generalizado entre los representantes de estas sociedades surge nuestra identidad étnica, y aunque nos identifiquemos externa y socialmente como personas negras, indígenas y blancas, somos en esencia el resultado complejo de la trietnicidad mestizada.

Las consecuencias de la manipulación del etnocentrismo y los perjuicios raciales en los contenidos educativos afectan en sumo grado a los escolares afros e indígenas, quienes desde temprana edad tienen que aprender a leer y escribir con carteles y cartillas que no representan su realidad familiar y comunitaria, que los excluyen y los hacen parecer diferentes: mamá, papá, los niños y todas las personas que les son representadas son blancas. A los escolares negros se les induce a prejuicio racial contra sí mismos, a avergonzarse por su piel y a tener una visión negativa e inferiorizante de su comunidad.

Los programas de Ciencias Sociales desconocen el aporte histórico realizado por las comunidades negras a la economía, la cultura, la sociedad y las luchas libertarias contra el colonialismo español. Los niños y los jóvenes afros ignoran su propia historia, careciendo los conceptos para entender sus diferencia e identidad en el marco de la historia y la identidad nacional; existe una gran sed de conocimientos entre los estudiantes afros en pro de herramientas teóricas y metodológicas que les permitan analizar y comprender con claridad porque existen las poblaciones africanas en Colombia y América. En igual forma tienen una completa ignorancia sobre la historia la geografía, la etnología y la realidad africana; observan a África y sus sociedades como algo lejano y extraño a su propia realidad histórica.

Las comunidades afrocolombianas carecen de programas educativos que les descubran, rescaten y desarrollen sus raíces históricas y culturales afrocolombianas.

ASOMECOS AFRO

DISCRIMINACIÓN RACIAL EN COLOMBIA

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Ubicarse laboralmente en la ciudad de Bogotá es más complicado para una persona afrocolombiana que para una persona mestiza, así lo demuestra una investigación realizada por el Observatorio de Discriminación Racial de la Universidad de los Andes.

Las estadísticas presentadas por el DANE en el censo poblacional,  señalan que en la ciudad de Bogotá hay cerca de 100 mil personas que se auto- reconocen como afrocolombianas, cifra que  está muy por debajo de la realidad.

Según el estudio, ser afrocolombiano reduce en un 8 por ciento la posibilidad de conseguir un empleo en la ciudad de Bogotá, situación que es más preocupante si tenemos en cuenta los altos índices de desplazamiento hacia la capital y sus alrededores por parte de las comunidades afrocolombianas.

Dicho estudio consistió en enviar 852 hojas de vida a través de internet a diferentes compañías que ofertaban vacantes para personas con diferentes perfiles, de allí se puedo establecer que si una persona afro aspira a ocupar una vacante en Bogotá como portero, mesero, vendedor, mensajero o cualquier otro oficio donde no se requiera un título de educación superior, contará con 8% menos de posibilidades que una persona mestiza.

El estudio se realizó en diferentes departamentos del territorio nacional, con los resultados obtenidos se hizo  un mapa que da cuenta del estado de la discriminación racial en el país, por ahora la investigación muestra  de que el factor racial si es determinante para ubicarse laboralmente en Bogotá, situación que se viene reclamando  a través de diferentes acciones donde  se  solicita al Gobierno Nacional que se apliquen en la práctica cotidiana programas y acciones afirmativas que generen un verdadero impacto social a fin de erradicar el racismo y las formas de discriminación racial tanto en entidades públicas como en entidades privadas.

ASOMECOS AFRO

LA LUCHA COTIDIANA DE LOS AFROS DESPLAZADOS EN BOGOTÁ

SE RESISTEN AL OLVIDO DE SU CULTURA Y AL RACISMO DE QUIEN NO LOS ENTIENDE

De los 5,7 millones de desplazados por la violencia que viven en Colombia, según el informe del Consejo Noruego para los Refugiados (CNR) y la Acnur, 491.471 están en Bogotá. El 11 por ciento de ellos, de acuerdo con la Unidad de Víctimas, son afros.

Ocupan principalmente las localidades más vulnerables de la capital: Usme, Ciudad Bolívar y Rafael Uribe Uribe. Tras tres décadas de desplazamiento forzado en el Pacífico colombiano, el sur de la ciudad se ha inundado con las primeras generaciones de ‘afrobogotanos’.

Nacen en capital del país, pero bailan como si sus pies los llevaran a la región de sus padres y abuelos. No importa si es salsa o currulao, su balanceo no se parece al de los ‘cachaquitos’ de 8 y 12 años con los que estudian.

Aunque aún no están en edad de ir a fiestas, pasan del reguetón al mapalé o del hip hop al bullerengue. Los violentos que sacaron a sus familias de Chocó, Cauca, Valle y Nariño no expulsaron de su sangre las raíces que extienden por Bogotá.

Sus papás llegaron hace más de diez años a barrios como Alfonso López, en Usme. Les dicen perezosos, bulliciosos, sucios. Todo porque no conciben asear sus casas o trabajar sin tener música a todo volumen. Por eso les cuesta tanto conseguir que les arrienden una pieza.

“Los mestizos nos rechazan. Fue muy duro llegar a Bogotá. El frío, el racismo. Nuestros niños tienen música por dentro. Si se aburren, tocan la mesa como si fueran bombos, pero los profesores los castigan”, dice María Rosa Murillo, desplazada de Istmina (Chocó).

Cuenta cómo les envían notas para quejarse de los tocados coloridos y el cabello alborotado que los niños usan en el colegio. “Nos discriminan porque desconocen nuestras raíces”, dice.

Los violentos desterraron a Rosa de Istmina. Le mataron un hermano. Le robaron el sueño de criar a su familia en la finca de sus padres. Ahora vive en un cuarto que no es de ella, en una ciudad que tampoco le pertenece, pero a la que se aferró al entender, tras varios intentos de volver, que no había vida para ella en su propia tierra.

Jeison Eduardo Valencia, de Guapi (Valle del Cauca), también es desplazado. Llegó a Bogotá en el 2008 para huir de la violencia, al igual que sus 11 hermanos, desperdigados por todo el país. Dos de ellos fueron asesinados.

“Al llegar, conocí muchos afros, a mi esposa –cuenta mientras carga su bebé de 3 meses–. Aquí uno necesita plata para todo, pero entre todos nos apoyamos”, agrega.

Rosa y Jeison recuperaron el aliento en el sonido del bombo, del guasá y la marimba. En 2009 crearon, junto a otros afros, el Centro de Estudios y de Investigación Sociocultural del Pacífico Colombiano (Cispac), parte del programa Cultura en Común, del Instituto Distrital para las Artes (Idartes).

“Nos preocupa el desarraigo de los jóvenes que están naciendo en Bogotá sin la cultura”, anota Carlos Antonio Vidal, otro de los creadores de Cispac, que llegó en 1982 porque su habilidad para tallar piedras preciosas, no era útil en su región.

Mientras bailan un currulao del grupo Socavón, en Usme, cinco niñas delgaditas y de tez negra danzan con ellos, como si no hubieran nacido en la capital; como si se prepararan para sembrar, en el futuro, la semilla afro en su descendencia.

ASOMECOS AFRO

BUENAVENTURA: CRÓNICA ROJA DEL DECENIO AFRO-DESCENDIENTE

HA PASADO UN AÑO DESDE QUE EL PRESIDENTE SANTOS PROMETIÓ SU PROGRAMA INTEGRAL PARA BUENAVENTURA, PERO LA REALIDAD DEL PUERTO NO HA CAMBIADO: UN INFORME INTERNACIONAL SUGIERE PASOS CONCRETOS Y SOLUCIONES A LA SITUACIÓN.

Hay esperanza: El Informe que Human Rights Watch presentó este 4 de marzo sobre la violación endémica de los derechos humanos y colectivos en Buenaventura, es un reclamo justificado al mismo tiempo que un faro de esperanza ante la larga noche de exclusiones históricas, innumerables oprobios y sangrías que ha sufrido el pueblo afro-descendiente de esta región.

Hace un año, muchos nos llenamos de optimismo ante los anuncios del presidente Santos para solucionar la vergonzosa situación que significaban los destierros, las desapariciones, las masacres, la violación de niñas, niños y mujeres, las extorsiones, los robos, los desplazamiento rurales y urbanos, y los demás delitos cometidos en Buenaventura, entre los cuales destaca la aterradora tecnología de guerra denominada “casas de pique”.

Se está expulsando a los pobladores para beneficiar la reproducción del capital:

El Informe comprueba sin embargo que a pesar de los esfuerzos publicitados y de la retórica de buenas intenciones del gobierno, la injusticia en estos territorios no solo se mantiene, sino que en la mayoría de los aspectos se ha consolidado.

Semejante tragedia nos demuestra que somos un país desvergonzado, donde el clasismo y el racismo traslucen y refuerzan el desprecio hacia los marginados, sin que haya reacción por parte de las elites político-económicas ni de las multinacionales a quienes se está acabando de entregar el territorio.

Sin embargo, después de tantas décadas de espera, hay que reconocer que apenas ha transcurrido un año desde el anuncio del gobierno, de modo que no debemos agotar tan pronto la reserva de optimismo.

Muelle en Buenaventura, Valle del Cauca.
Muelle en Buenaventura, Valle del Cauca.

Siguen los problemas: Más que redundar en las cifras del informe, que ya han sido ampliamente difundidas y discutidas, conviene resaltar los grandes interrogantes que el plantea:

Como dice el texto: “si bien las medidas ordenadas por las autoridades han contribuido a reducir la violencia, el brutal control que ejercen estas bandas en muchos de los barrios permanece en gran medida intacto”.

Los indicadores coyunturales muestran una disminución pírrica de las cifras. Por ejemplo, de 5 desapariciones que se registraron en enero y febrero de 2014, se pasó a 4 en el mismo período de 2015.

No obstante, ¿cómo hablar de disminución de la violencia si las bandas criminales conservan su control y su conducta virulenta, y si siguen intactos los altos índices de exclusión (hambre, desempleo, falta de educación)?

El presidente anunció un paquete de medidas económicas y sociales integrales, complementarias de la acción militar, pero estas no se han cumplido. Por ejemplo:

  • ¿Por qué no se asignan profesionales suficientes para investigar las fosas clandestinas?
  • ¿Por qué no se soluciona el albergue para los desplazados, con las mínimas condiciones humanas, y se los sigue manteniendo en el estadio local?
  • ¿Por qué no se han asignado fiscales suficientes para investigar las desapariciones?

La respuesta es una sola: se está expulsando a los pobladores para beneficiar la reproducción del capital y a los megaproyectos de ampliación portuaria, explotación minera y turística, y monocultivos para agro combustibles, entre otros.

Dentro de ese escenario sobran o estorban los propietarios ancestrales de estos territorios, y para los dueños de esta guerra y los gerentes del despojo solo hace falta un pequeño segmento de población como mano de obra barata. Lo demás es desecho, escoria, sobras humanas, no más.

Planes y promesas: El pasado 1 de enero se inició el Decenio Internacional de los Afrodescendientes, proclamado por Naciones Unidas con el lema “Reconocimiento, justicia y desarrollo”. Sin embargo, el referido informe de la HRW presenta más bien la realidad de lo que se podría comenzar a llama “la crónica roja del decenio internacional afrodescendiente”.

En esta terrible crónica Buenaventura encabeza la lista nacional de destierros y déficit de justicia social y se presenta como un monumento emblemático a la humillación, la indefensión y al escarnio público de los afrocolombianos y los pobres del país.

Por su parte, la Presidencia ha socializado un elocuente Master Plan 2050 para Buenaventura, cuya prioridad es la competitividad y que prioriza 109 proyectos que implican la transformación radical de los patrones habitacionales de ocupación tanto rural como urbana de sus ancestrales habitantes.

En el Plan se contemplan cambios en los antiguos barrios ganados al mar (que ya no existen debido a las masacres y destierros) para ubicar la nueva zona industrial y logística, que se extiende hasta el continente y se integra a los nuevos puertos en las deltas de los ríos que desembocan en esta amplia bahía.

Pero nosotros preguntamos: ¿Para quién será Buenaventura un territorio sostenible y competitivo? ¿En reemplazo de los Caicedo, Rivas, Cuama, Montaño, Gamboa, Sanchez y demás parentelas propietarias del territorio, tenemos que entender ahora que los apellidos “sostenible” y “competitivo” son los de los nuevos dueños? ¿Cuántos habitantes podrán ejercer su derecho a conservar sus viviendas, sus familias y sus territorios? Esperamos que el Master Plan nos muestre las cifras, para así hacernos a una idea de las dimensiones de la guerra que resta.

Niñas en buenaventura se dirigen a recibir clases de teatro en un centro comunitario.
Niñas en buenaventura se dirigen a recibir clases de teatro en un centro comunitario.

Construyendo alternativas colectivas: Mientras asistimos al drama del desmembramiento social, cultural y a la limpieza étnico-racial en Buenaventura, las mismas transnacionales, a través de sus fundaciones y de terceros nacionales, vienen promoviendo la formación de una capa de líderes jóvenes en el Pacifico y en los territorios afrocolombianos en que tienen concentrados sus intereses, bajo la impronta individualista del pomposo emprendimiento neoliberal

La Presidencia ha socializado un elocuente Master Plan 2050 para Buenaventura, cuya prioridad es la competitividad: Estos “nuevos emprendedores” avanzan en la legitimación del destierro, descalificando la búsqueda y construcción de alternativas basadas en sus derechos colectivos ancestrales y oficializando la mentalidad del “sálvese quien pueda”. Este mezquino liderazgo viene a acelerar la expoliación, usurpando lugares de representación y decisión, mientras promueve las virtudes de la vida urbana, fuera de los territorios colectivos.

Por su parte, frente a tantos rostros de esta destrucción, las seis recomendaciones más importantes de Human Rights Watch en su informe son:

1. Asignar fiscales e investigadores adicionales a la sede de la Fiscalía de Buenaventura que trabajen exclusivamente en casos de desapariciones;

2. Mantener suficientes investigadores especializados en Buenaventura para que continúen la búsqueda de fosas clandestinas;

3. Establecer una línea telefónica que comunique con funcionarios judiciales de Bogotá;

4. Asignar suficiente personal a la investigación de casos de homicidios, violación sexual y desplazamiento;

5. Mantener presencia policial ininterrumpida en barrios donde están activos grupos sucesores de paramilitares, y

6. Establecer en la ciudad un albergue para personas desplazadas.

Además de esto, se aconsejan las siguientes acciones comunitarias:

  • Protección al “espacio humanitario” urbano, ubicado en el barrio de los nayeros y conformado por 302 familias, muchas de las cuales fueron víctimas de la masacre del rio Naya, perpetrada por grupos paramilitares entre el 10 y el 13 de abril de 2001.
  • Reparación colectiva integral inmediata, por los daños causados en más de dos décadas de extermino, más allá de lo considerado en la Ley de víctimas, para que Buenaventura sea el modelo piloto para el pueblo afrocolombiano.
  • Constituir un tribunal permanente por los derechos colectivos para el pueblo afrocolombiano, con acompañamiento de la corte constitucional.
  • Reglamentar lo que resta de la Ley 70/93.
  • Organizar una comisión garante de la reparación colectiva integral, conformada por HRW junto a otros organismos de derechos humanos como GADEIPAC, el Centro Nacional de Memoria Histórica, y monseñor Epalza, obispo de Buenaventura, el juez Baltasar Garzón, la premio nobel de paz Rigoberta Menchu, el escritor Alfredo Vanín, el premio nobel de literatura Wole Soyinka, entre otras personalidades de comprobada idoneidad y transparencia, que se puedan considerar.

Estas propuestas pueden insuflar la llama de esperanza que se alimenta con este saludable informe, que ojalá logre despertar la humanidad de los victimarios, para que no quede petrificado como otro arrume de palabras o como estrofas del infinito himno a la decidia e indiferencia estatal.

POR: SANTIAGO ARBOLEDA: Licenciado en Historia de la Universidad del Valle. Magíster en Historia Latinoamericana de la Universidad Internacional de Andalucía y Profesor del Doctorado en Estudios Culturales Latinoamericanos en la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador.

LA MUJER AFROCOLOMBIANA EN LA CONSTRUCCION DE LA IDENTIDAD NACIONAL

LA VIOLENCIA SEXUAL COMO LA FORMA MAS HUMILLANTE DE ESCLAVITUD

La situación inhumana en que se realizó la esclavización del hombre africano en las Américas, a todos estos sufrimientos al analizar el caso particular de la mujer encontramos que, además de sus músculos para el trabajo físico, se buscaba su capacidad sexual y procreadora como una ventaja que la hacía una mercancía valiosa. A ella la sumía en la más profunda humillación e impotencia. Esta humillación después de tantos siglos se introyectó en algunas mujeres afrodescendientes, pero otras han mantenido la fortaleza y valentía para defender la vida como máximo valor, y la confrontar a la sociedad dominante.

Durante los primeros años de la trata se transportó un alto porcentaje de hombres con relación al número de mujeres, los hombres representaban mejores beneficios económicos; esta situación produjo una quiebra profunda en la estabilidad emocional del africano esclavizado, destruyó la posibilidad de relaciones heterosexuales propias de las culturas de origen. Las pocas mujeres que se introdujeron al Nuevo Mundo durante este período no ofrecían una solución a la privación de la vida sexual del africano esclavizado, pues éstas eran escogidas por los amos, quienes las sometían a practicas sexuales abusivas.

Es importante recordar que la conquista y la colonia se realizó por soldados y colonos peninsulares que llegaron a la América sin sus familias y la necesidad biológica impuso las relaciones poligámicas que los moros habían practicado durante su larga dominación en España. La mujer africana esclavizada y la indígena, tomadas como botín de guerra, aportaron la parte femenina para la construcción de la sociedad multiétnica latinoamericana, sin que se haya respetado en lo más mínimo las característica de cada grupo étnico.

En Norteamérica también se dio el mestizaje entre anglosajón y mujeres negras e indígenas, pero en menores proporciones, pues las tradiciones religiosas protestantes eran más estrictas que las de la Iglesia Católica y sobre todo porque desde los inicios llegaban acompañados de sus mujeres e hijas. La Iglesia Católica condenaba estas uniones, pero era más tolerante en aceptarlas que los protestantes que no solo las condenaban sino que se negaron a recibir a los africanos y sus descendientes en sus congregaciones.

La escasez de mujeres negras determinó que para el africano esclavizado fuera más fácil conseguir una mujer indígena que una compañera de su propia raza. Las africanas cuidadosamente seleccionadas por los traficantes negreros entre las más robustas y hermosas, eran prontamente acaparadas por los hacendados blancos, administradores coloniales, criollos y soldados. La situación se hizo tan dramática que en repetidas ocasiones los hombres africanos solicitaron a la corona española que impidiera el acaparamiento por los amos de las mujeres negras que llegaban a la América.

Para la mujer africana negra esclavizada la humillación era total, su sentimiento de odio y de venganza por la violación física se estrellaba con el amor y el sufrimiento por la suerte del hijo o de la hija sembrada en su vientre.

Con el correr del tiempo, ya en la época colonial, algunas mujeres afrodescendientes empiezan a sacar ventaja de esta humillación, y buscan en el mestizaje las mejores condiciones de vida para sus hijas e hijos.

La ganancia por parte de los amos era por punta y punta: La mujer afrodescendiente era sometida al duro trabajo de la mina, de las plantaciones o del servicio doméstico, en la noche era su amante y las hijas o hijos que nacieran aumentaban el número de sus esclavos. Las hijas e hijos de esclavas se consideraban propiedad inalienable de los dueños de la plantación.

La mujer afrodescendiente sufría la triple marginación ser negra, pobre-esclava, y ser mujer. Sólo podía vivir la maternidad mientras amamantaba a su hija o hijo, pues apenas el niño/a se alimentaba solo el amo podía negociarlos, cambiarlos, venderlos, tratarlos a su antojo, pues no le pertenecían a la madre, ni tenía derecho a formar una familia.

Era tan evidente el atropello que significaba para la mujer negra y para sus hijas e hijos el trato de que eran objeto, que la Ley de Manumisión de partos del 19 de julio de 1821 aligeró un poco la humillación y el sufrimiento de la mujer. A pesar de eso, significó una traición, el Congreso de Cúcuta la dio en lugar de la abolición real de la esclavitud que se esperaba por las promesas de Bolívar a los soldados afrodescendientes y al presidente de Haití.

“Artículo 1º. Serán libres los hijos de las esclavas que nazcan desde el día de la publicación de esta Ley en las capitales de Provincia, y como tales se inscribirán sus nombres en los registros cívicos de las Municipalidades y en los libros parroquiales.

Artículo 2º. Los dueños de esclavas tendrán la obligación precisa de educar, vestir y alimentar a los hijos de éstas, que nazcan desde el día de la publicación de la ley; pero ellos, en recompensa, deberán indemnizar a los amos de sus madres los gastos impedidos en su crianza con sus obras y servicios que les prestarán hasta la edad de dieciocho años cumplidos”.

Conscientes de que las leyes tratan de corregir una situación contraria a la que proponen, podemos entender que hasta esta fecha se practicó la horrenda costumbre de arrancar a las mujeres negras esclavizadas sus hijas e hijos, y fue preciso esperar 30 años más, hasta el 21 de mayo de 1851, para que se expidiera la Ley de la Abolición de la esclavitud.

RESISTENCIA DE MUJERES AFROCOLOMBIANAS

Las mujeres africanas esclavizadas y sus hijas nacidas en América, se rebelaron siempre ante esta humillación, cada una, según el lugar donde fue ubicada, buscaba la forma de liberarse y de liberar a sus descendientes de esa situación:

Fueron formas de resistencia radicales el suicidio, el asesinato de los propios hijos y el aborto provocado, pensando que la muerte era preferible a la esclavitud. Pero la forma más significativa para el proceso como pueblo afrodescendiente, fue la participación en los palenques:

“San Basilio de Palenque es el resultado del movimiento de insurrección esclavista más sobresaliente en Colombia; movimiento que se inicia con 37 personas negras entre mujeres y hombres, orientado por Benkos Biohó, exmonarca de un estado africano”.

Al lado de Benkos es preciso rescatar la figura de su esposa Wiwa, reina del Palenque de Sierra María, quien con su hija Orika, princesa del palenque de San Basilio, reconocida cimarrona, y su hijo Sando, continuó el proyecto de libertad, después de la muerte del líder, esposo y padre el 16 de marzo de 1621.

Encontramos otros testimonios de mujeres palenqueras, que no solo apoyaban la lucha de los hombres, sino que eran grandes guerreras como Polonia, y Agustina.

Otra forma de resistencia fue la labor de las niñeras, nodrizas y ayas quienes sometidas al estilo de la casa grande, utilizan el cuidado de los niños de los amos para hacerles conocer los valores culturales propios, por medio de historias y cantos de cuna. Aquí se trata de un proceso lento, difícil de demostrar pero que hoy descubrimos reflejado en la mentalidad de la cultura latinoamericana.

Es importante rescatar la memoria de la resistencia de las mujeres afrocolombianas, como un estímulo al proceso actual, donde es preciso despertar el liderazgo femenino para defender la propia identidad y el territorio. Hoy no es extraño encontrar mujeres afrodescendientes al frente de organizaciones, de procesos económicos comunitarios y de investigación de la cultura.

ETNODESARROLLO EN MANOS DE MUJERES AFRODESCENDIENTES

El aporte de las mujeres afrodescendientes en el campo económico se ha invisibilizado y subvalorado, por eso es necesario socializarlo como una forma de estimular la autoestima y el deseo de capacitación para la mujer de hoy.

A) En El Sector Rural

En el sector rural podemos resaltar el trabajo en la minería. Inicialmente se trabajaban las minas de los amos, pero luego como espacio libre son trabajadas por grupos familiares. Las mujeres afrodescendientes siguen teniendo un puesto especial en el estilo rudimentario tradicional de extraer el oro llamado mazamorreo. Este duro trabajo le ha permitido sobrevivir a muchas mujeres y aportar para sacar adelante la familia. Cuando las cosas salen bien es posible conseguir alguna alhaja, para satisfacer la vanidad femenina y como un sistema propio de ahorro, pues en caso de necesidades se puede empeñar.

La agricultura, en la costa pacífica colombiana tiene espacios propios para la mujer, para su economía, es el caso del cultivo de la caña y la destilación y comercialización del viche. En el cultivo del arroz, la mujer debe aportar en la desyerbada y cosecha, pero cuando hace estos trabajos a otras personas siempre su salario es inferior comparado con el del hombre.

Es importante resaltar el trabajo que realizan las mujeres en el campo de las empresas comunitarias. Las mujeres de Noanamá trabajan en la elaboración de vinos de frutas y hierbas medicinales de la región (albahaca, limoncillo, marañón, borojó, aguacate…), también en el Patía hay un grupo de mujeres que hacen y exportan mermeladas. Estas mujeres y todas las que toman las riendas de su propia economía son dignas de nuestro apoyo y agradecimiento por ser gestoras de su propio etnodesarrollo.

En el campo rural es significativo el aporte de las mujeres afrocolombianas en el magisterio y la centenaria conservación cultural que mantienen a través de la enseñanza. No hay que pasar desapercibido el papel que las mujeres Afrocolombianas han desempeñado a nivel organizativo, su vinculación a los procesos comunitarios ha fortalecido el etnodesarrollo en la zona rural.

B) En El Sector Urbano:

En el sector urbano la tradición más antigua está relacionada con las ventas de frutas y dulces, como es el caso de las palenqueras:

“San Basilio de Palenque cuenta en la actualidad con 7.000 habitantes aproximadamente; los hombres se dedican en su mayoría a la agricultura y la ganadería a menor escala; las mujeres a la venta ambulante de los productos cosechados por los hombres y los dulces y bollos que ellas fabrican artesanalmente”.

Estas mujeres en la temporada alta o de vacaciones en Cartagena y Santa Marta, se han convertido en símbolo de expresión estética y adorno, atrayendo a los turistas al caminar con mucho garbo con sus frutas en la cabeza. Actualmente se ha incrementado al lado de las ventas el servicio de los peinados afro, con las trencitas que tanto atraen a los visitantes.

Otro campo muy fuerte es el de servicios domésticos, que ha sido tradicionalmente la entrada al mundo urbano, y a la movilidad social, pero se sigue desarrollando en la mayoría de los casos en condiciones degradantes. Casi siempre faltan condiciones de seguridad social, pueden ser despedidas sin previo aviso, y la sombra del acoso sexual siempre aparece. La mayoría de las mujeres son madres que deben dejar sus hijos con las abuelas o en el campo, mientras ellas se rebuscan la vida. Pero alrededor del trabajo doméstico en las grandes ciudades de Colombia, como Bogotá, Medellín y Cali, se ha elaborado toda una cultura de solidaridad y compartir. Generalmente se tiene un lugar determinado (el parque Berrío en Medellín, el terminal de Cali, el parque Caldas en Popayán…) como lugar de encuentro y compartir los días festivos y de descanso.

Detrás del incremento del trabajo doméstico hay dos factores básicos: Por el lado de la oferta, la capacidad de poder dejar a los niños con las abuelas en la costa o en el campo, da a las madres que tienen que trabajar un margen competitivo que aumenta su participación en el servicio doméstico. Por el lado de la demanda, la imagen generalizada de las mujeres negras como sirvientas abre este particular mercado de trabajo a las mujeres chocoanas y del Pacífico colombiano, de la misma manera como hace más difícil para ellas el entrar a cualquier otro espacio. Por este motivo es un desafío valioso apoyar a las mujeres afrodescendientes que trabajan en el servicio doméstico, motivar su organización para conocer y exigir sus derechos, propiciar la capacitación.

Lavandería y culinaria son practicas de trabajo para las mujeres en los centros urbanos que les permiten un poco de flexibilidad en el manejo del tiempo propio. Muchas mujeres negras trabajan en la cocina de restaurantes, pues es reconocido tradicionalmente el buen gusto para la culinaria. Habría que incrementar los Restaurantes manejados por las mismas mujeres, para que así la utilidad se incremente y permita una mayor producción.

En el magisterio se encuentra otro campo grande de labor para la mujer afrodescendiente, podemos remontarnos al aporte del Dr. Diego Luis Córdoba (1907-1964), primer senador chocoano y gran líder del pueblo afrocolombiano, que logró la creación de las Escuelas Normales para el Chocó. Desde esa época muchas mujeres afrodescendientes aprovecharon esa oportunidad y se entrenaron como maestras, encontraron trabajo en el Pacífico y fuera de su región. Es muy común encontrar maestras y maestros del Chocó y del Pacífico en regiones tan aisladas y distantes como los Departamentos de Guainía y Meta o en la cuenca amazónica. Es importante estimular el trabajo de las educadoras afrodescendientes e invitarlas a aprovechar el espacio tan valioso de la educación formal para trasmitir los valores propios de la cultura y las motivaciones a fortalecer el proceso como pueblo negro.

C)Participación en el proceso organizativo y en el campo político:

Progresivamente aumenta la participación de las mujeres afrodescendientes en los procesos organizativos de base, en las Comisiones Consultivas Departamentales, en la Comisión Pedagógica Nacional, y en espacios locales de las alcaldías. A nivel nacional se puede destacar Zulia Mena, desempeñó por un período la curul del proceso afrocolombiano en la Cámara de Representantes, elegida por la circunscripción espacial, ganada con la Ley 70 de 1993. Piedad Córdoba, adscrita al partido liberal, se identifica también como afrocolombiana y desde el senado ha apoyado el proceso del pueblo.

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