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RACISMO DENTRO DE LA SOCIEDAD COLOMBIANA

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El racismo o prejuicio racial en Colombia es el conjunto de ideas y fijaciones sicológicas de discriminación raciales mantenidas en el inconsciente colectivo de nuestra sociedad. Es una herencia ideológica de la colonia esclavista, recreada y reproducida en nuestros días por la penetración cultural de los Estados Unidos, mediante la manipulación del contenido de los medios de comunicación, y por el reflejo en la conciencia social de las condiciones de marginación y atraso económico, social y cultural que afrontan los pueblos afros e indígenas, como resultado del desarrollo histórico desigual y las deformaciones del capitalismo en el país.

El perjuicio racial tiene como origen en las definiciones que el esclavista hizo de la persona y las culturas africanas para justificar su esclavización. En Estados Unidos el esclavo era considera bestia que no merecía salvar su alma, y en la llamada “Hispanoamérica” era un salvaje para civilizar y salvar mediante el evangelio.

El sistema esclavista generalizó las ideas de la inferioridad racial de la persona africana esclavizada en la conciencia de las clases, sectores y capas de la sociedad y en especial entre la población blanca. En la Costa Atlántica fue donde se desarrolló más activamente el sistema de castas de color o sistema de división social por el color, que logró estimular y profundizar las rencillas, prejuicios y divisiones entre el pueblo explotado, y en mayor grado entre los propios africanos esclavizados.

El fenómeno psicológico del prejuicio racial ligó en acción recíproca la situación de clase y de raza de las estructuras de la sociedad esclavista colonial. Persona negra y condición de esclavo significaron igual cosa; la comunidad africana estuvo sometida a dos tipos fundamentales de relaciones: unas relaciones de explotación económica y otras de opresión étnica y cultural que justificaban las anteriores. Durante 400 años de esclavización legal, las relaciones entre población identificada socialmente como blanca y las africanas crearon toda clase de antagonismos colectivo del grupo mestizo-blanco la actitud del grupo superior y la definición de persona y comunidad afro inferior. Los mecanismos de ascenso y prestigio social estaban determinados por la identificación entre el color y la situación de clase, dos elementos inseparables cuya acción era recíproca y permanente: comenzaba con el español nacido en España y descendía con el español criollo, y las personas mestizas, indígenas y las africanas con todos sus colores.

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Los derechos naturales y sociales reconocidos en la época eran de goce exclusivo de la comunidad blanca. El esclavo negro no era reconocido como persona igual y menos podía otorgársele derechos, ellos significaría para los esclavistas igualarse a su condición. Durante cuatro siglos de esclavitud directa las masas negras fueron despojadas de la libertad personal, de movilización, del derecho a la familia, del derecho a la propiedad, del derecho a la educación y la cultura, de los derechos a tener una patria y una nacionalidad, y de un modo de vida digno de humanos. Toda América fue convertida en una gran cárcel para las personas africanas secuestradas para ser esclavizadas.

Las sociedades americanas y el mundo capitalista en general, fueron traumatizados por este trascendental proceso de deshumanización y explotación, cuyas consecuencias y trascendencia son notorias, y en especial, en las comunidades conformadas por descendientes de africanos esclavizados, que afrontan condiciones difíciles de subdesarrollo, exclusión, de desigualdad, de marginación, y en la persistencia, en el inconsciente colectivo, del prejuicio racial.

Durante la esclavitud, las clases esclavistas crearon una imagen estereotipada de la comunidad africana esclavizada, interrelacionada y confundida con las penurias, trabajos y vida infrahumana del trabajador esclavo. La persona africana fue considerada por la población española y, posteriormente por la mestiza-blanca, como la raza inferior, fea, perezosa, bruta, sucia, mala e hija del diablo. Los esclavistas y las personas blancas se autocalificaron de raza superior hermosos, trabajadores, ahorradores, inteligentes, delicada, buenos hijos de Dios. Las personas africanas fueron bautizadas “por si tenían alma”.

Estas ideas y actitudes quedaron como fijaciones en el inconsciente colectivo, entendiéndose éste como “el conjunto de perjuicios, mitos, actitudes colectivas de un grupo determinado… es la consecuencia de lo que llamaría la imposición cultural irracional… gracias al inconsciente colectivo el antillano -negro- ha hecho suyos todos los arquetipos del europeo”.

Esta herencia colonial esclavista quedó impresa en la formación lingüística latinoamericana. El adjetivo “negro” es sinónimo de los estereotipos racistas contra los descendientes de los africanos esclavizados, es sinónimo de lo malo y lo aborrecido por la sociedad, y se reproduce en cientos de palabras y frases tales como: “aguas negras, suerte negra, zona negra, obra negra, lista negra, negro final, negra intención, leyenda negra, negros pensamientos, negros recuerdos, bolsa negra, libro negro, alma negra, mercado negro, humor negro”, etc.; existe el verbo “negriar”.En el folclor popular son numerosos los refranes y dichos, llevados de boca en boca que inferiorizan a la persona negra. En los escritos que aparecen en los sanitarios de universidades, colegios, fuentes de soda, griles, otros, la actitud discriminatoria y la subvaloración de la persona negra son manifestadas abiertamente, y están muy arraigadas en los colombianos socialmente reconocidos como “blancos”, y existen en todos los sectores sociales.

Con el desarrollo de los deportes en las últimas décadas y la destacadísima actuación de los jóvenes afros, ha surgido el estereotipo del “negro deportista”; destacarse en los deportes como el boxeo, el fútbol, el béisbol, el atletismo, constituye una salida hacia el progreso social, que se presenta a los jóvenes negros, hermosos y fuertes, por su valor, inteligencia y su capacidad física, pero prisioneros del aislamiento, la ignorancia, el desempleo y la falta de oportunidades.

Reconocidos héroes del deporte nacional como Pambelé, Valdés, Willington Ortiz, Ricardo Cardona, Silvio Salazar, Faustino Asprilla y Edgar Rentería y tantos atletas sobresalientes, han llegado a la gloria de los pedestales solos, imponiéndose con su coraje y decisión de lucha, desarrollando sus capacidades sin otra ayuda que la propia voluntad y compromiso por la superación personal.

El prejuicio racial se sigue reproduciendo en la actualidad por la influencia cultural y la penetración del modo de vida de los Estados Unidos, y a través de los programas de educación, estatales y privados.

En el continente americano, los Estados Unidos han sido los campeones del racismo y la sobreexplotación de la comunidad afro, los programas de televisión, la radio y las noticias, los artículos de prensa, las revistas y la mayoría de películas que nos llegan directamente de los estudios estadounidenses difunden estereotipos racistas y una imagen distorsionada del papel histórico, las actividades, la vida social y las actitudes de la persona y la comunidad afro de Estados Unidos. A la desvalorización de la persona afro, se une la difusión de la violencia y la pornografía, que los medios de comunicación, mediante la repetición, la simplificación y el acondicionamiento del mensaje, fijan en la sicología social.

La televisión colombiana desde su fundación muestra a la persona afro en la ejecución de papeles racistas que desde la esclavitud le han sido asignados: el de siervo, el de malo; ridiculiza cuando disfraza a actores blancos para representar hombres negros.  La comunidad afro organizada debe exigir al Estado la prohibición de este tipo de publicaciones en respeto a la dignidad de la persona negra y con el propósito de acabar con los prejuicios raciales.

La educación es uno de los medios más activos para la eliminación de los prejuicios raciales; pero al contrario, la educación colombiana es un vehículo reproductor y transmisor del etnocentrismo y los estereotipos racistas. Los textos y programas ignoran la importancia de las comunidades africanas como uno de los componentes básicos, forjadores de la identidad cultural y nacional, desconocen su personalidad histórica, en especial las raíces africanas y hacen una referencia ocasional y simplista de su realidad y problemática actual. Son contenidos que estimulan la formación y fijación del prejuicio en el proceso de síntesis que va elaborando el estudiante e inconscientemente aprende a no reconocer ni identificarse con las comunidades negras e indígenas.

La determinación de los valores e ideales que conforman la identidad étnica, cultural y nacional, constituye un problema para los colombianos porque ignoran la verdadera trayectoria histórica del país, desconocen la significación y existencia del concepto de identidad, y reciben un mensaje educativo donde predominan el etnocentrismo blanco, promotor del sentimiento de la llamada hispanidad o identidad hispanoamericana.

Los colombianos no son educados para comprender que las bases étnicas y culturales de la nación colombiana no surgieron únicamente de las sociedades europeas sino también, y en igual trascendencia, de las sociedades y culturas de África y América. Del mestizaje generalizado entre los representantes de estas sociedades surge nuestra identidad étnica, y aunque nos identifiquemos externa y socialmente como personas negras, indígenas y blancas, somos en esencia el resultado complejo de la trietnicidad mestizada.

Las consecuencias de la manipulación del etnocentrismo y los perjuicios raciales en los contenidos educativos afectan en sumo grado a los escolares afros e indígenas, quienes desde temprana edad tienen que aprender a leer y escribir con carteles y cartillas que no representan su realidad familiar y comunitaria, que los excluyen y los hacen parecer diferentes: mamá, papá, los niños y todas las personas que les son representadas son blancas. A los escolares negros se les induce a prejuicio racial contra sí mismos, a avergonzarse por su piel y a tener una visión negativa e inferiorizante de su comunidad.

Los programas de Ciencias Sociales desconocen el aporte histórico realizado por las comunidades negras a la economía, la cultura, la sociedad y las luchas libertarias contra el colonialismo español. Los niños y los jóvenes afros ignoran su propia historia, careciendo los conceptos para entender sus diferencia e identidad en el marco de la historia y la identidad nacional; existe una gran sed de conocimientos entre los estudiantes afros en pro de herramientas teóricas y metodológicas que les permitan analizar y comprender con claridad porque existen las poblaciones africanas en Colombia y América. En igual forma tienen una completa ignorancia sobre la historia la geografía, la etnología y la realidad africana; observan a África y sus sociedades como algo lejano y extraño a su propia realidad histórica.

Las comunidades afrocolombianas carecen de programas educativos que les descubran, rescaten y desarrollen sus raíces históricas y culturales afrocolombianas.

ASOMECOS AFRO

DISCRIMINACIÓN RACIAL EN COLOMBIA

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Ubicarse laboralmente en la ciudad de Bogotá es más complicado para una persona afrocolombiana que para una persona mestiza, así lo demuestra una investigación realizada por el Observatorio de Discriminación Racial de la Universidad de los Andes.

Las estadísticas presentadas por el DANE en el censo poblacional,  señalan que en la ciudad de Bogotá hay cerca de 100 mil personas que se auto- reconocen como afrocolombianas, cifra que  está muy por debajo de la realidad.

Según el estudio, ser afrocolombiano reduce en un 8 por ciento la posibilidad de conseguir un empleo en la ciudad de Bogotá, situación que es más preocupante si tenemos en cuenta los altos índices de desplazamiento hacia la capital y sus alrededores por parte de las comunidades afrocolombianas.

Dicho estudio consistió en enviar 852 hojas de vida a través de internet a diferentes compañías que ofertaban vacantes para personas con diferentes perfiles, de allí se puedo establecer que si una persona afro aspira a ocupar una vacante en Bogotá como portero, mesero, vendedor, mensajero o cualquier otro oficio donde no se requiera un título de educación superior, contará con 8% menos de posibilidades que una persona mestiza.

El estudio se realizó en diferentes departamentos del territorio nacional, con los resultados obtenidos se hizo  un mapa que da cuenta del estado de la discriminación racial en el país, por ahora la investigación muestra  de que el factor racial si es determinante para ubicarse laboralmente en Bogotá, situación que se viene reclamando  a través de diferentes acciones donde  se  solicita al Gobierno Nacional que se apliquen en la práctica cotidiana programas y acciones afirmativas que generen un verdadero impacto social a fin de erradicar el racismo y las formas de discriminación racial tanto en entidades públicas como en entidades privadas.

ASOMECOS AFRO

EL DRAMA DE LAS MUJERES DESPLAZADAS EN COLOMBIA

LAS MUJERES EN ESTADO DE DESPLAZAMIENTO FORZOSO EN COLOMBIA ESTÁN EN UNA MAYOR SITUACIÓN DE VULNERABILIDAD. EDUCACIÓN, TRABAJO Y SALUD SE LES PRESENTAN MÁS COMO PROBLEMAS QUE COMO SOLUCIONES.

Colombia ocupa uno de los primeros puestos en el mundo en desplazamiento forzado. Aproximadamente 4.3 millones de personas han tenido que abandonar sus hogares debido al conflicto armado del país. De la anterior cifra, 1.427.544 son mujeres.

Según Codhes (Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplaza-miento), 89.750 personas fueron desplazadas en lo corrido del 2011 pero según las cifras de la hoy desaparecida Acción Social y la hoy Unidad de Víctimas, el año pasado fueron expulsadas de sus hogares 102.956 personas (54.279 mujeres).

La condición de la mujer desplazada es de especial vulnerabilidad debido a la precariedad en la que llega a los lugares de recepción luego de haber sido desplazada. Educación, hijos, salud y trabajo son los temas que más le generan desigualdad de género a las mujeres en situación de desplazamiento.

Hilda Bejarano vivía con sus cuatro hijos y su esposo en San José del Guaviare. Con sus cuatro hijos y esposo trabajaban en conjunto en un pequeño supermercado, en el que la guerrilla les cobraba “vacuna” para poderlos dejar vender. Un día, los guerrilleros llegaron por la “vacuna” y también para avisarles que se debían ir del pueblo.

Sin muchas pertenencias tuvieron que dejar su hogar. Hilda dejó a su mamá y a sus hermanos peligrando en San José del Guaviare, pues la guerrilla, solo dejaba ir a quienes desplazaba. Bogotá fue la solución inmediata para estas seis personas, y el barrio Caracolí, ubicado al sur de Bogotá en una de las zonas más pobres de la ciudad, fue el refugio para esta familia.

La comunicación con sus familiares en San José del Guaviare era particularmente dificultosa, pues no había muchos celulares en la zona y si querían hablar, Hilda debía llamar al radioteléfono de la guerrilla, pues ellos controlaban también el flujo de llamadas y quien hablaba con quien. A cuatro hijos pequeños Hilda tuvo que dejar en su hogar mientras les conseguía colegio y ella, trabajo.

Caracolí, una zona en la que abunda la población desplazada, a pesar de haberlos acogido, también les enseñó el verdadero significado de la violencia urbana. En ese sector de Bogotá no hay policía, pues muchos han sido asesinados, por lo que el Ejército es la única autoridad del Estado haciendo presencia hasta para poder subir camiones con leche y comida, pues si no es así, son atracados por bandas delincuenciales.

Tras varios años de vivir excluida por culpa de la violencia, Hilda decidió volver a San José para visitar a sus familiares, pero primero debió pedir permiso a la guerrilla, que extrañamente, la dejó ingresar. Pudo volver a Bogotá, y tras buscar en muchos sitios, logró ingresar como cocinera en un restaurante, lo que le dejaba ingresos para poder llevar algo de dinero a su hogar y hacer que sus hijos estudiaran. Nunca recibió subsidios del Estado porque no los pidió, ya que muchos de sus compañeros desplazados afirman que de ahí empiezan a saber quien llegó de dónde y los guerrilleros del barrio pueden llegar a hacerles daño.

La violencia de la que intentó huir es diferente a la que hoy vive, pues debe cuidar a sus hijos para que no entren en bandas delincuenciales, así como también de los enfrentamientos constantes entre los paramilitares y la guerrilla en Bogotá. Terminó trabajando como empleada de servicio para poder recibir más ingresos y ahora, está en una peluquería haciendo el aseo.

Este caso es una muestra de cómo generalmente las mujeres desplazadas llegan con sus hijos pero sin esposo, lo que hace más difícil la situación, pues muchas dependían en gran medida de ellos porque nunca aprendieron un oficio o porque simplemente se quedaron atendiendo las labores del hogar.

Muchas de las mujeres desplazadas engrosan las listas de las personas que se dedican al rebusque pues al no saber ningún oficio en particular, es más fácil salir a vender cualquier cosa que quedarse con hambre en sus casa cuidando a sus hijos.

Los lugares de vivienda de las mujeres desplazadas tienden a ser de niveles socioeconómicos bajos, muy diferentes al campo y donde hay presencia de pandillas,  desmovilizados de la guerrilla o paramilitares, lo conlleva a ir de un lugar violento a otro compartiendo el techo con los culpables de la pérdida de sus hogares.

La falta de protección del Estado colombiano a las mujeres desplazadas llevó a la Corte Constitucional a emitir una sentencia al respecto (T-025 de 2004) y posteriormente el Auto nº 092/08, que sugiere la creación de trece programas para contrarrestar de alguna manera los vacíos legales en el asunto.

La anterior legislación pretendió eliminar los riesgos de género causados por el conflicto armado, como prevenir la violencia sexual, intrafamiliar y comunitaria contra la mujer desplazada, facilitar el acceso a la educación y a oportunidades.

¿Cómo hacer eso si no aumentaron el pie de fuerza pública en los albergues ni tampoco existieron jornadas de educación sexual? La mayoría de mujeres desplazadas no conocen sus derechos, lo que hace mucho más difícil la labor del Estado para ayudarlas aunque sea por la vía legal.

El Auto nº 092/08 se intenta que la mujer desplazada tenga los mismos derechos y garantías que un hombre en su misma condición. Hace visible que hay una problemática de desigualdad pero no hay nada concreto que permita solucionarla.

Según la última encuesta sobre zonas marginadas y desplazamiento forzado, Profamilia encontró que las principales razones por las que las mujeres desplazadas encuestadas abandonaron su tierra son: amenaza a su seguridad (50%), por ser obligadas a abandonar su hogar (17%), asesinato de sus hijos (10%) y amenazas a su seguridad personal (9%).

Los embarazos entre las adolescentes desplazadas aumentaron a un 35% a pesar de que muchas de ellas afirmaron cuidarse con algún tipo de anticonceptivo. Así mismo, la violencia contra mujeres desplazadas en estado de embazado es de 19%. Según el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), el promedio de edad de las mujeres desplazadas viudas es de 34 años, siendo ocho veces mayor esta situación de viudez en mujeres que en hombres.

Efectos del desplazamiento en las comunidades receptoras caso Bogotá Bogotá se ha convertido en el principal receptor de población desplazada por ser la ciudad de las oportunidades” y aquel lugar en el que muchas personas tienen familiares o allegados de sus tierras. Desde 1997 a 2010, Bogotá recibió a 292.913 personas con un promedio de cuatro personas por familia. Muchas de las personas desplazadas llegan a Bogotá con la intención de quedarse, pues saben que si regresan, las posibilidades de volver a ser desplazados por segunda vez es grande. Las comunidades a dónde llegan las personas en situación de desplazamiento sufren cambios debido a la ocupación de determinadas zonas que pueden llegar a convertirse en refugios de desplazados, o que en otros casos, se convierten en focos de violencia.

En Bogotá, la única localidad en donde no hay desplazados es Sumapaz y la que más personas en situación de desplazamiento es Ciudad Bolívar (9,4%), luego Bosa (8,9%), Kennedy (7,7%), Suba (5,7%), San Cristóbal (5,1%) y en sexto lugar está Usme (3,4%).

Si bien las personas que ya vivían en barrios marginados y los desplazados conviven en el mismo espacio, los primeros tienen mayor acceso a la educación, a servicios públicos y a algo muy importante: el trabajo. Debido a los bajos niveles de educación de las personas desplazadas, y en particular de las mujeres, se ven obligadas a ir tras el “rebusque”, lo que tampoco les genera muchos ingresos mensuales.

La mujer desplazada tiene un problema adicional, y es que al tener hijos de los cuales encargarse por su cuenta, no tiene en dónde dejarlos, por lo que conseguir trabajo se ve cada vez más como una utopía, ya que sin dinero no hay guardería y mucho menos comida.

Los grupos afro que han llegado desplazados a la ciudad, son quienes tienden a organizarse para formar grupos que los representen y puedan ser vistos como población a nivel político.

El sufrimiento no es un asunto de género, pero las estadísticas revelan que le es más difícil salir adelante a una mujer desplazada con hijos que a un hombre. Según la ley de Víctimas, las mujeres cabeza de hogar tendrán preferencia ante cualquier proceso, ya sea de entrega de predios, beneficios, crédito, seguridad social, educación, recreación o jornadas de cedulación, entre otros.

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En caso que la mujer en estado de desplazamiento decida acusar a su agresor ante la ley, no está obligada a confrontarlo.

Políticas distritales frente a las mujeres desplazadas (Bogotá)

Debido a que la gran mayoría de desplazados llega a Bogotá, desde hace algún tiempo las diferentes administraciones locales han desarrollado iniciativas con el propósito de brindar un acompañamiento adicional a la mujer en situación de desplazamiento.

La Alcaldía tiene las UAO (Unidades de Atención y Orientación a la población desplazada), que son espacios que buscan la inclusión de los desplazados a los programas de la administración distrital, ya sea en temas de educación, salud, y especial protección a la población afro, indígena y a los menores de 15 años.

Los CAVIDH (Centro de Atención a Víctimas de la Violencia y Graves Violaciones a Derechos Humanos) de mujer y género (en Mártires) ofrece atención a mujeres, jóvenes y niñas que han sido víctimas de violencia sexual o de género en el marco del conflicto armado. En esta Alcaldía fue creada la Alta Consejería para los Derechos de las Víctimas, la Paz y la Reconciliación para poder atender con mayor vehemencia las necesidades de esta población que llega a Bogotá.

Agentes del conflicto

Grupos paramilitares. Los paramilitares comenzaron siendo pequeños grupos de protección para empresarios y campesinos en las áreas rurales contra los grupos armados que azotaban al país, pero poco a poco tomaron más fuerza hasta llegar a competir con la guerrilla en narcotráfico.

El grupo paramilitar con más combatientes fue el de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), y su vez, el responsable de grandes masacres como la de Marmato, Caño Viejo, Llama Caliente, El Carmen, La Rochela y El Salado, entre otras.

Desmovilizados de la guerrilla y los paramilitares. Muchos de los hombres que se desmovilizaron de los grupos armados reincidieron en conductas delictivas y formaron nuevos grupos, como las Águilas Negras, los Rastrojos, los Urabeños y los Machos.

Guerrilla. En 1964 Manuel Marulanda alias “Tirofijo” y Jacobo Arenas crearon en la toma de Marquetalia las Farc-Ep (Fuerzas Armadas revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo para “acabar con las desigualdades sociales, políticas y económicas, la intervención militar y de capitales estadounidenses en Colombia mediante el establecimiento de un Estado marxista-leninista y bolivariano”, según dicen en su carta fundacional.

De bandoleros pasaron a ser narcotraficantes, extorsionadores, secuestradores y en general, el grupo armado que durante muchos años fue el único responsable de desplazamientos en muchas regiones del país.

En los últimos años, el Ejército ha dado de baja a sus máximos líderes, pero los secuestrados, entre ellos muchos miembros de las Fuerzas Armadas y políticos, han aumentado drásticamente.

El Eln (Ejército de Liberación Nacional) fue creado por los hermanos Marco, Antonio y Fabio Vásquez Castaño en Simacota (Santander). No fueron tan grandes como las Farc, pero aun así, hoy en día siguen causando daño en algunas partes del país. Si bien cuentan con pocos miembros, se constituyen como un grupo con algo más de estructura política, bajo la teoría de la liberación, instaurada por algunos sacerdotes españoles Camilo Torres, Aurentino Rueda, Domingo Laín, José Antonio Jiménez, Diego Cristóbal Uribe, Bernardo López Arroyave y Manuel Pérez.

ASOMECOS AFRO.

DERROTAR LA INVISIBILIDAD: EL RETO DE LAS MUJERES AFRODESCENDIENTES EN COLOMBIA

El informe titulado, “Derrotar la Invisibilidad, el reto de las mujeres Afrodescendientes en Colombia. El panorama de violencia y violacion de los derechos humanos en contra de las mujeres Afrodescendientes en Colombia”, fue elaborado por un colectivo de mujeres, como parte del proyecto Mujeres AfroColombianas Defensoras de Derechos Humanos que estan desarrollando.

El Grupo de Trabajo Internacional en Estados Unidos, expresa que “mientras el gobierno colombiano se sienta a la mesa de negociaciones con el grupo de oposición FARC y la nación espera por la paz, las comunidades Afrocolombianas continúan sufriendo la escalada de violencia por parte de múltiples actores estatales y no estatales, con las mujeres sufriendo la peor parte de esta violencia”. Precisamente en el transcurso de la semana el grupo paramilitar Las Aguilas Negras, reafirmó su amenaza de muerte a defensores de derechos humanos, en la que se incluye un sinnúmero de organizaciones de mujeres Afrodescendientes de los municipios de Suárez y Buenos Aires en el departamento del Cauca. Mientras tanto, en el contexto de la guerra por el control del territorio en el puerto de Buenaventura, otra mujer fue encontrada en una bolsa plástica descuartizada.

Francia Marquez, una lideresa que enfoca su lucha contra la minería extractiva ilegal en territorios Afrodescendientes, quien hace parte del colectivo de mujeres autoras del informe y cuya organización se encuentra entre la lista de objetivo militar de los paramilitares, resalta la importancia del informe y el proyecto de protección de las mujeres Afrocolombianas defensoras de los derechos humanos: “nuestras mujeres son las que sostienen las practicas culturales que nos reafirman como pueblo, comparten la sabiduría , enseñan justicia en nuestras comunidades y constantemente reafirman y recrean las razón de Ser Negros. Si nuestras mujeres no son protegidas no podríamos existir como pueblo”.

“Desafiando la invisibilidad” compila información y hace un análisis sobre la violación de los derechos humanos contra las mujeres Afrodescendientes, a partir de una metodología centrada en las mujeres de ciudades como Buenaventura, Tumaco y de la Costa Caribe, que de forma directa sufren los impactos de la guerra y las políticas neo-liberales impuestas por el Estado en el espacio privado de su cuerpo tanto como en los espacios comunitarios ligados al territorio, sea este rural o urbano.

El proyecto y el informe buscan “llamar la atención para que la violencia contra las mujeres Afrodescendientes en Colombia sea entendido como un problema de derechos humanos de carácter multi-dimensional. La violencia nos afecta como Afrodescendientes tanto como mujeres. Ataca nuestros derechos humanos individuales y colectivos y debería ser analizada en el contexto de las guerras geo-económicas, el racismo sistemático, las relaciones patriarcales y en general el conjunto de formas de opresión que afectan al pueblo Afrodescendiente”, explicó Charo Mina Rojas, coordinadora del proyecto de defensoras de los derechos humanos y representante en Estados Unidos del grupo de trabajo internacional.

ASOMECOS AFRO

SITUACIÓN Y PROBLEMÁTICA DE LA POBLACIÓN AFROCOLOMBIANA

Pensando con nuestros abuelos, hoy como ha ocurrido desde siempre durante estos largos 500 años, la situación y problemática de la población afrocolombiana se caracteriza por la explotación de su fuerza de trabajo en los empleos duros, el despojo de sus tierras, el retraso educativo, la pobreza e inhumanidad en las condiciones de vidas familiares, el racismo en las relaciones con las comunidades mestizas blancas, la discriminación racial en la cotidianidad, la exclusión racial en casi todas partes y la ciudadanía incompleta, ciudadanía “recortada” por la violación de sus derechos humanos.

Las graves consecuencias económicas, sociales, culturales, educativas, políticas y espirituales que provocó la Institución de la Esclavitud, están vivas y activas dentro de la sociedad colombiana unidas a los desequilibrios, inseguridades e injusticias propios del modelo de desarrollo económico y social capitalista promovido por las élites dominantes, sus víctimas siguen siendo las poblaciones afrodescendientes que reivindican la verdad, justicia, reparación y equidad social y comunitaria.

Estudios recientes del Departamento Nacional de Planeación DPN, citados por CIMARRÓN en su Informe 2004 sobre el estado de los Derechos Humanos de las Comunidades Afrocolombianas, concluyen que el 90% de la población afrocolombiana vive en condiciones alarmantes de miseria, exclusión social, discriminación racial y segregación social. CIMARRÓN afirma que el panorama socioeconómico refleja que en Colombia la mayoría de los descendientes de los africanos son pobres, y que la mayoría de los pobres son descendientes de africanos, sin que ello haya sido motivo de preocupación para los gobiernos.

Algunas estadísticas del DNP sobre la realidad afrocolombiana son las siguientes:

* Las zonas de mayor predominio de población afrocolombiana son aquellas que presentan los más bajos índices de calidad de vida del país.

* El ingreso per cápita promedio de los (as) afrocolombianos(a) se aproxima a los 500 dólares anuales, frente a un promedio nacional superior a los 1500 dólares.

* El 75% de la población afro del país recibe salarios inferiores al mínimo legal y su esperanza de vida se ubica en un 20% por debajo del promedio nacional.

* La calidad de la educación secundaria que recibe la juventud afrocolombiana es inferior en un 40%, al compararla con el promedio nacional.

* En los departamentos del Pacífico colombiano, de cada 100 jóvenes afros que terminan la secundaria, sólo 2 ingresan a la educación superior.

* Aproximadamente el 85% de la población afrocolombiana vive en condiciones de pobreza y marginalidad, sin acceso a todos los servicios públicos básicos.

La superación de esta compleja problemática de la población afrocolombiana requiere de la intervención especial y prolongada del gobierno nacional, en estrecha coordinación con los gobiernos departamentales y nacionales, asignando recursos suficientes y condiciones institucionales apropiadas para la ejecución del Plan Nacional de Desarrollo de la Población Afrocolombiana, que en cumplimiento de la Ley 70/93, cada gobierno debe implementar dentro del Plan de Desarrollo y el Plan de Inversión Nacionales. En el Departamento Nacional de Planeación DNP debe crearse una unidad especial de planeación y seguimiento a la implementación y ejecución del plan afrocolombiano.

El gobierno nacional debe elevar a política pública la lucha contra la exclusión racial de las personas negras en el mercado laboral público y privado. Es urgente la concertación e implementación de un Programa Nacional para la igualdad racial en las Oportunidades de Empleo, que establezca medidas de acción afirmativa o diferenciación positiva, a favor de las personas negras competentes y estímulos fiscales y en la contratación estatal a favor de los empleadores cooperantes.

Pero también las personas afros deben asumir sus propias responsabilidades étnicas y sociales. En los municipios los partidos políticos, las organizaciones sociales y las alcaldías, deben concertar y determinar los proyectos de vida que desean para el presente y futuro de la niñez y la juventud afrocolombiana, estos proyectos deben contener y desarrollar los valores de la identidad afrocolombiana, y reflejarlos en los planes de desarrollo. Nadie podrá ejecutar acciones de progreso étnico-social de las comunidades afros si ellas mismas, a través de sus líderes y organizaciones sociales, educativas y políticas, no lo quieren hacer para sí mismas.

POR: banrepcultural.org

AFROCOLOMBIANOS: ENTRE LA POBREZA Y LA DISCRIMINACIÓN

EN EL DÍA DE LA AFROCOLOMBIANIDAD, ORGANIZACIONES SOCIALES REVELARON ALARMANTES CASOS DE DISCRIMINACIÓN Y POBREZA EN ESTE SECTOR, QUE FORMA PARTE DEL 10% DE LOS HABITANTES DEL PAÍS.

En el día de la afrocolombianidad, organizaciones sociales revelaron alarmantes casos de discriminación y pobreza en este sector, que forma parte del 10 por ciento de los habitantes del país. Codhes muestra que los afrocolombianos son la minoría étnica más numerosa entre el grupo de personas en situación de desplazamiento en Colombia y el 98 por ciento de ellos viven en estado de pobreza. Según el informe, Tumaco, en Nariño; y Buenaventura, en el Valle del Cauca, son ejemplo del drama de pobreza y discriminación que vive esta parte de la población.  Muchos se quejan que no volvieron a recibir atención humanitaria de emergencia después de seis meses de su desplazamiento y muchos nunca la han recibido. Entre tanto, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos indica que la población afrodescendiente en Colombia se encuentra marcada por una historia de invisibilidad, exclusión y desventajas sociales y económicas que afectan el goce de sus derechos fundamentales, tanto que padece una tasa de mortalidad infantil que duplica la registrada a nivel nacional, y tiene menor acceso a servicios básicos como educación y salud, así como menor acceso a empleos redituables y menor participación en la vida pública.

Cifras del DANE

En ocho departamentos del país se concentra el mayor número de población afrocolombiana, de los cuales el 61 por ciento vive en condiciones de pobreza, revela las cifras del DANE. Los datos muestran también que el 10 por ciento de las comunidades negras no sabe leer ni escribir y el más afectado por el fenómeno del analfabetismo es el departamento de Nariño.
Otras cifras revelan que 500 mil personas afrodescendientes, raizales y palenqueras, habitan en Bogotá.
Además del abandono la comunidad negra afronta las consecuencias de la discriminación que se evidencia hasta en el lenguaje, asegura Leonardo Reales coordinador del área de derechos humanos de la Corporación Cimarron.
“En las novelas e incluso en los noticieros y en las novelas es común escuchar expresiones como “no sea indio, me negrearon, mucho negrero, me tocó trabajar como negro, que son expresiones evidentemente discriminatorias”, explicó.
Además del conocido caso de la joven Johana Acosta, a quien le prohibieron entrar a una discoteca de Cartagena por su color de piel, la Universidad de los Andes, documenta que en las ciudades de Bogotá y Cali durante los años 2008 y 2009 se denunciaron episodios de insultos raciales y requisas selectivas y arbitrarias contra miembros de la comunidad afrocolombiana por parte de efectivos de la Policía Nacional. El último ocurrió en una estación de Transmilenio el pasado mes de marzo y allí se vio involucrado un agente de la policía.
El trato discriminatorio que muestra el documento de la Universidad de los Andes fue corroborado por la organización Movimiento Nacional Cimarrón que asegura conocer también casos de jóvenes en Bogotá a quienes se les ha impedido el ingreso a sitios públicos por su color de piel y hasta el impedimento de algunos arrendatarios para entregar inmuebles a afrocolombianos.

POR: EL ESPECTADOR.