HIJO DE TUMAQUEÑO, ESTE JUGADOR DE LAS PANTERAS ESTUVO EN EL SUPER BOWL 50. SU HISTORIA DE SUPERACIÓN Y DE REENCUENTRO CON EL PAPÁ QUE ESTUVO EN LA CÁRCEL POR NARCOTRÁFICO.

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Bondadoso, amable y cordial. Así es Fernando Velasco fuera de las canchas de fútbol americano. Es un hombre con un gran corazón, siempre dispuesto a colaborar y con el deseo de convertirse en un bastón para niños y jóvenes con problemas. “Me gustaría inspirarlos para que sepan que, aunque hay malas cosas en el mundo, se puede perseverar. Que sean positivos sin importar lo que pase y que sigan empujando”. Ese es su pensamiento. Así él salió adelante y se convirtió en jugador de la NFL. Esta es la historia de este hijo de padre colombiano que hace tres semana estuvo en el Super Bowl.

El camino no fue fácil. La vida le puso muchos obstáculos, pero logró superarlos. Uno de los más grandes fue la ausencia de su papá, el colombiano Franz Velasco, quien pagó ocho años en una prisión federal de Alabama y después fue deportado. Esa desazón de no tener la oportunidad de crecer junto a su padre lo hizo madurar rápido, le enseñaron que hay que remar fuerte cuando la corriente corre en contra: “A pesar de que mi papá estuvo encarcelado, logré salir adelante y uno de mis mayores logros fue graduarme del colegio”.

James Hill, su abuelo materno, se convirtió en la figura paterna que tanto anhelaba. Aprendió de él todo lo que sabe de la vida, a manejar con calma los momentos difíciles, a trabajar duro por cumplir sus objetivos. “Verlo laborar todos los días hasta los 80 años me enseñó que no puedo estar contento si no doy lo mejor de mí en cada actividad que realice o en cada relación que tenga”.

Aunque nació en Harris, Nueva York, Wrens fue la ciudad que lo vio crecer. A un poco menos de 200 kilómetros de Atlanta, Fernando se crió. Allí comenzó a mostrar destreza en los deportes, apenas tenía ocho años y jugaba baloncesto y fútbol americano. Su sueño era jugar como Shaquille O’Neal. Veía en el gigante de 2,16 metros un ídolo. Pero a los 16 años, cuando cursaba décimo grado en el Jefferson Country College, tomó una decisión que sería acertada: dejó de lado el baloncesto para dedicarse al fútbol americano.

Su calidad no se hizo esperar. Su torso corpulento, al que se le unían dos brazos macizos y dos troncos como piernas, hicieron de Fernando Velasco el jugador perfecto para taclear contrincantes. Era una habilidad natural. Nunca se atemorizó ante los golpes que recibía y siempre aprovechó su masa muscular para frenar a los contrarios. Comenzó jugando en la defensiva y con los años su puesto cambió hasta convertirse en centro. Su nivel era notable y mejor físico no podía tener para pararse en la primera línea.

En la Universidad de Georgia, el cambio para convertir a Fernando en jugador de la línea ofensiva se realizó. El entrenador Neil Callaway fue la persona que descubrió su potencial. Sabía que tenía todo para convertirse en un líder. En 2003 ganó el premio Iron Man (otorgado al jugador que nunca faltó a un entrenamiento, ni llegó tarde). Y un año más tarde jugó su primer partido de inicialista contra Vanderbilt. A partir de allí se convirtió en un jugador esencial para los Bulldogs y ayudó para que su equipo terminara por tercera vez consecutiva una temporada con diez triunfos. “Siempre me lo tomé personal, siempre sentí que era mi trabajo hacer que todos tuviéramos un buen desempeño”.

Ese amor por su trabajo hizo que ganara nuevamente el premio Iron Man y que fuera nombrado como uno de los mejores en la línea ofensiva. Todo esto hizo que en el 2008 estuviera dentro de los elegibles para el draft. Aún le faltaban dos años para finalizar la universidad, pero los scouts le dijeron que había posibilidades de llegar a la NFL. Aunque ningún equipo gastó su selección para escogerlo, los Tennessee Titans lo firmaron en la agencia libre. Fue un sueño hecho realidad. Llegó a la máxima división. Pero debutar le costó. “Pensaba que llegar a la NFL era ponerse la indumentaria y comenzar a jugar. Pero me di cuenta de que tenía que desarrollar mis capacidades, debido a que había jugadores con mayor talla”.

Kevin Mawae fue el jugador de quien aprendió. El centro, quien era un veterano de 14 campañas, fue la persona que lo adoptó. Le enseñó los secretos y movimientos para desempeñarse dentro del terreno de juego y ser un líder. En pocas palabras, hizo que Fernando Velasco demostrara sus capacidades. “Siempre le aprendí cosas nuevas. Movimientos, tacleos, organizar la línea, me enseñó lo suficiente para demostrar que sí era capaz de jugar a ese nivel”.

En 2009 era otro Fernando Velasco el que entrenaba con los Titans. Su forma de pararse, de organizar a sus compañeros e incluso de empujar los 154 kilogramos del defensor rival, fueron cualidades que hicieron que el entrenador Jeff Fisher lo seleccionara para jugar de titular. Tennessee tuvo un inicio de temporada catastrófico. En los siete partidos iniciales sumaron seis derrotas. Los cambios no tardaron en aparecer y Fisher en el octavo encuentro optó por darle unos minutos a Velasco. “Candlestick Park en San Francisco estaba vestido de rojo y blanco. Era un ambiente envidiable. Había casi 70 mil personas. Yo levantaba la mirada y sentía que la tribuna se unía con el cielo. Las piernas me temblaban. Fue un momento inolvidable”.

Velasco no jugó todo el partido. Fueron apenas unos minutos. Pero para él será el encuentro para recordar por siempre. Los Titans ganaron 34-27, pero es un resultado que pasa desapercibido cuando recuerda la tarde de ese domingo 8 de noviembre. La voz le cambia de tono, su mirada brilla. Ese fue el comienzo de su carrera profesional: cuatro años con los Titans, uno con los Acereros de Pittsburgh y dos con las Panteras de Carolina. Siete temporadas de momentos amargos y dulces. Uno de los más difíciles fue en 2013, cuando se lastimó el tendón de Aquiles. “Estaba preocupado, no sabía qué iba a pasar, pero Dios tenía un propósito para mí. Fue un proceso duro, pero mi esposa se convirtió en mi bastón, ella fue la que me impulsó”.

Ese apoyo de Tieashia fue clave. Ella fue su bastón y evitó que decayera anímicamente. Los Acereros lo dejaron en la agencia libre mientras estaba lesionado. Pero como dice el refrán, “no hay mal que por bien no venga”, a Fernando se le abrieron las puertas de las Panteras de Carolina, un equipo con talento joven que apunta a ganar el trofeo Vince Lombardi. El 2015 fue mágico. Lograron la mejor marca de la campaña en la NFL (15-1) y jugaron el Super Bowl 50. “Nunca pensé que íbamos a tener una temporada como la que tuvimos. Siempre soñé con una oportunidad así, este tipo de año es algo especial, soy una persona afortunada, tengo grandes recuerdos. No siempre se vive algo así”, dice.

Su deseo es ganar todo con las Panteras de Carolina. Pero no tiene afán. Tras lo vivido hace tres semanas en San Francisco, sabe que es algo que llegará con el tiempo. Ahora dedica sus vacaciones a su esposa y a su hijo de 14 meses, Alex James. Él es la luz de sus ojos y por quien da todo. “Quiero enseñares que, a pesar de las cosas malas, hay que seguir para adelante. No importa lo que te suceda. Quiero ser un ejemplo para los niños, que sepan que hay que seguir caminando a pesar de la tormenta”.

VISITA A COLOMBIA

El sueño americano. Eso era lo que buscaba Franz Velasco cuando viajó a Estados Unidos a comienzos de los años 80. El nacido en Tumaco, Nariño, dejó atrás todo y comenzó una nueva vida. Parecía que todo salía a la perfección, rápidamente encontró trabajo como mesero en un complejo en Castkill en Nueva York y el amor tocó a la puerta cuando conoció al ama de llaves, Audrey Hill. Los flirteos y las miradas iban de lado a lado y no tardaron mucho para empezar a salir. Todo se estaba emparejando en la vida de Franz. En 1985 nació Fernando de esa unión.

Pero el cuento de hadas estaba próximo a terminar. La CIA desde hace tiempo venía pisándole los talones a Franz por narcotráfico y en 1990 fue enviado a la prisión en Alabama. La vida se tornó difícil para el tumaqueño. Audrey, aunque tomó el apellido Velasco, decidió cortar de raíz la relación y viajó a Wrens, donde vivían su hermana Della Mae y su papá.

Después de ocho años, Franz Velasco fue puesto en libertad y deportado para Colombia. Pero de aquí fue a refugiarse en Suecia. Sólo en 2005, Fernando retomó contacto con su papá. El Skype fue la mejor vía. Por ahí le mandaba videos de sus finales con su equipo universitario y fotos. Pero fue en 2013 que pudo conocerlo en Londres. “Para mí es importante mantener las relaciones, porque soy una persona muy familiar”.

Lamentablemente para Fernando esas visitas tienen que ser fuera de Estados Unidos, puesto que Franz tiene prohibido pisar suelo norteamericano. Así que las visitas son en Canadá o Jamaica, entre otros países. Pero ninguna de ellas ha sido en Colombia. Por esta razón el famoso diseñador colombiano Edwing D’Angelo y la periodista criolla Elizabeth Ortiz buscan unir a padre e hijo en suelo nacional. “Una de las cosas que tengo que hacer es viajar a Colombia. Conocer mi herencia, mis raíces, me gustaría viajar, probar la comida. Es algo que quiero a hacer”

EL ESPECTADOR

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