
LA IMPUNIDAD EN LOS FEMINICIDIOS EVIDENCIA QUE EN COLOMBIA SE PUEDE MATAR A LAS MUJERES
“ALGO HABRÁ HECHO PARA SER MERECEDORA DE ESE TRATO”, “SEGURAMENTE LO PROVOCÓ” O “ESTÁ BIEN QUE LA VIOLEN PERO NO QUE LA MATEN”…
En Colombia las múltiples violencias contra las mujeres suelen estar justificadas desde los discursos oficiales y las creencias cotidianas. Es común que la responsabilidad sea de la víctima y que su padecimiento se sustente en frases como “algo habrá hecho para ser merecedora de ese trato”, “seguramente lo provocó” o “está bien que la violen pero no que la maten”.
Las acciones de revictimización en el país son tradición hasta el punto que un acto de violencia de género no es relevante ni para los servidores públicos, ni para los grandes medios de comunicación, ni para gran parte de la población si la víctima no tiene las heridas suficientes para mostrar en cámara o si no hay un cadáver que pueda justificar una indignación, las más de las veces, temporal y mediática.
Cuando la muerte de una mujer se trata solo como un hecho noticioso que llena la parrilla informativa de los medios y escandaliza a un público objetivo, la víctima se convierte en víctima otra vez y en un número más que llena las estadísticas, pero que no lleva a una reflexión profunda y a una crítica real frente a una problemática grave. Es común ver cómo algunos medios ante un feminicidio señalan con la autoridad de quien se cree merecedor de juzgar que “nadie hizo nada”, mientras la atención se centra en el autor material de los hechos y la violencia sistemática contra las mujeres sigue por fuera de los focos, del análisis, de la intervención, incluso del dolor.
Si el Estado tuviera la misma capacidad de respuesta para preservar la vida y no solo respondiera de forma inmediata a la muerte, muchos de estos crímenes no habrían sido posibles, ni harían parte de números alarmantes que se ensanchan todos los días pero van cayendo en el olvido. Si el Estado asumiera su responsabilidad Rosa Elvira Cely, víctima de múltiples violencias y feminicidio, cuyo caso congregó a a la opinión pública en un mensaje de cero tolerancia, no habría tenido que morir para darle nombre a una Ley que, después de una larga lucha de las mujeres, sigue sin conocerse y aplicarse. Tal vez si el Estado colombiano se tomara en serio la vida de las mujeres dejaría de ser cómplice y también causante de su muerte.
POR: ASOMECOS AFRO
